Arica Profunda
Historia e identidad Aymara . Segunda Parte
Tanto
la palabra quechua como la aymara son producto del enredo que se le hizo a los
españoles cuando trataron de comprender a este mundo tan peculiar que estaban destruyendo.
Los aymaras nunca supieron que se llamaban así hasta decenios tardíos del siglo
XVI. Un español que inició los estudios del idioma del Collao obtuvo su
información en una pequeña colonia de mitimaes “quechuas” pero que
habían incorporado el lenguaje local y que se denominaban aymaras. Así se llamó
“en español” al idioma cuyo real nombre era jaqui aru (significando
humanidad y lengua respectivamente) y después, agregando indiferencia a la
ignorancia, le aplicaron ese nombre a quienes hablaban ese idioma, quienes se
llamaban a sí mismos jaqui. Algo parecido ocurrió con el quechua, cuyo
nombre real es runasimi y significa algo parecido.
Cabe
señalar que ambos carecían de escritura, por lo que su “traducción” al alfabeto
latino es bastante caótica. Aunque hay estándares definidos, en diversos textos
de expertos en materias no lingüísticas aparecen diferentes ortografías,
usando, por ejemplo, la “c” en vez de la ”k” o la “q” o la “qh” las que
representan convenciones referentes a la pronunciación original. Para facilitar
la lectura escribo huaca en vez de waka y araj en vez de arax
porque así figuran en textos de antropólogos eruditos pero no lingüistas. El
aymara tiene sólo tres vocales: “a”, “i”, “u”. No hay, curiosamente, “e” ni
“o”, por lo que no es estrictamente correcto escribir urco, uro, etc.,
pero es conveniente que usemos los términos comunes para facilitar la
conprensión del texto.
También
pensando en el lector, separaremos a veces los componentes de una palabra que
en aymara puede ser muy compleja. Escribiremos, por ejemplo, araj pacha
en vez de araxpacha para explicar mejor la “x” y el concepto pacha,
pero en aymara las palabras forman frases enteras. La frase más célebre esaruskipasipxañakasakipuniraskispawa,
la cual según un lingüista aymara contiene 14 sufijos para decir “yo sé que es
deseable y obligación de todos, incluyéndolos a Uds., que nos comuniquemos“.
Sólo sé que la terminación wa indica que es una palabra-frase y que, en
buen castellano, sirve para decir “conviene dialogar”.
Dicen
que es fácil aprender aymara, pero hay que dejar de pensar como caucásico
parlante de un lenguaje de raíces indo-germanas. Por ejemplo, tawaqu es jovencita, naka es sufijo
que implica pluraridad, ni sufijo que implica posesión y que puede perder la “i”,
suma es hermosa, panqara es
flor, y pa es sufijo que implica
cualidad: “las hermosas flores de las jovencitas” se diría (supongo) tawaqunakan suma panqaranakapa,
aunque el segundo naka no se usaba antes y los viejos dirían tawaqunakan suma panqarapa o tawaqun suma panqaranakapa.
El
mismo Felipe Guamán (¿o Huamán?) Poma de Ayala escribe auca cuando hoy
la convención sugiere awka. A todo esto, agréguese las variaciones
regionales del aymara, la introducción de términos quechuas durante la dominación
incaica y la aplicación indebida de términos quechuas para designar conceptos
que también eran propios de los jaqui y que tenían su propia
nomenclatura en su aru. Aclaro, con pena, que no hablo jaqui aru,
pero eso es corregible. Hay que empezar por tratar de comprender a la etnia que
la utiliza. Dialoguemos pues con nuestros compatriotas...
Emergencia y
consolidación de la identidad Aymara
En los
más o menos 700 años de blanda y benigna dominación tiwanakota, se fueron
diferenciando varias etnias altiplánicas (grupos definidos por una identidad,
un conjunto de costumbres y tal vez un lenguaje propio) que constituirían un
tremendo enredo para los conquistadores 5 siglos después. El enredo es tal, que
muchos sabios van a estar en desacuerdo con mi intento por definir
generalidades que nos ayuden a encontrar la identidad Aymara.
Los
tiwanakotas hablaban (probablemente) pukina y su etnia podría
identificarse con ese nombre. Los que no progresaron y se quedaron pescando en
el lago formaron una etnia mal mirada por los demás, los Uros, que
hablaban uruquilla. Los que se quedaron cazando tampoco eran bien
considerados, se denominaban Chuquila o Puruma y aventajaban a
los Uros en que se decía que custodiaban los lugares sagrados (huacas)
y tenían poderes mágicos. En alguna parte del Perú actual o del territorio Caranga
al sur del Titicaca, los Aymaras, formidables y etnocéntricos guerreros
que hablaban el lenguaje homónimo, esperaban su turno.
Primer
pachacuti: el colapso del Tiwanaku y el inicio del orden Aymara
Por lo
que sea --el desequilibrio creado por el colapso del imperio Wari en el
norte del Perú actual, decenios de sequía, desgaste administrativo u otras
alternativas-- colapsa el Tiwanaku de los Pukinas hace unos 1.000
años y los Aymaras, sin formar una estructura social hegemónica como la
del Tiwanaku, expanden su influencia en el altiplano a través de varios
Reinos Lacustres que no eran étnicamente homogéneos. Y empieza el enredo en el
altiplano y a lo largo del Norte de Chile y del Nor-Oeste argentino también se
establece la modalidad de Señoríos Regionales (Período Intermedio),
que culmina con la Cultura Arica y el apogeo de los Aymaras
circuntiticaca en el Intermedio Tardío.
En la
mitología Aymara el período que sigue a este "primer pachakuti"
se denomina auca pacha (período de conflictos, guerras). Sobraban
niveles conceptuales para ello...
En
primer lugar, los vencidos (Pukinas tiwanakotas) y los
"primitivos" Uros ya no son considerados personas, sino
material para uso y desprecio. En segundo lugar, el territorio circuntiticaca
se divide conceptualmente en un sector alto (el lado peruano del lago y
extendiéndose aún más al norte), seco, masculino, guerrero y orgulloso, digno
de los Aymaras (urcosuyu) y un territorio bajo, húmedo, femenino,
subyugado, agrícola, más apropiado para los Pukinas (umasuyu).
Ambos constituyen opuestos y el lago, habitado por los Uros que vivían
en sus islas de totora y que no eran personas, era el centro mediador (taypi,
lugar donde pueden coexistir y que a la vez delimita a los opùestos).
A esta altura ya sería conveniente repasar el resumen referente a la
cosmovisión andina.
A eso se agrega otro factor de
confusión. Durante el auca pacha se establecen decenas de Reinos
Lacustres dominados por los Aymaras pero con una minoría de componentes Pukina
y Uro y ocupando casi sin excepción tanto territorios de pastoreo y
machotes (urcosuyu) como agrícolas apocados (umasuyu). Estos
reinos son principalmente:
1. Al
sur del Cuzco y sin contacto territorial con el Titicaca, los Canas y Chanchis.
2. En
las riveras del Titicaca, el Colla al norte (con un elevado componente Pukina),
sus eternos enemigos Lupacas ocupando sólo tierras urco al sur de
las de los Collas y los Pacaje extendiéndose desde el extremo sur
del lago.
3. Al
sur del Titicaca y sin acceso a sus riveras
3a. Al oeste del lago Poopó, los Carangas y los Quillatas
más al sur, los últimos emparentados con los Pacajes.
3n. Al este del lago Poopó y de norte a sur, los Charcas, Soras,
Caracaras y Chichas, para sólo mencionar a los de mayor extensión.
Las
constantes luchas entre ellos dieron origen a los pukarás, poblados con
estructuras defensivas que en Arica existen en el valle de Azapa (San Lorenzo),
Copaquilla, Zapahuira (Huaycuta y Chapicollo), Belén (Huaihuarani y
Ancopachane), Saxámar, Ticnámar (Tangani), Codpa (Vila Vila y Molle Grande), en
el Valle Camarones (Humallani), etc. Es también la época en que aparecen las chullpas
--casas-tumba donde dejaban los restos mortales de los dignatarios, con su ropa
y algunos enseres-- con cualidades arquitectónicas propias de cada reino y que
en Arica podemos conocer con poco esfuerzo en Zapahuira, Laco (cerca de
Chapiquiña), Incahullo (cerca de Belén) y Charcollo, en la quebrada de Oxa que
llega a Ticnámar.
El
altiplano necesita de los valles para su subsistencia. Los valles del
lado oriental de la cordillera (manca yungas) eran considerados más
bajos en términos de prestigio que el territorio femenino del lado boliviano
del lago (umasuyu) mientras que nuestros valles occidentales (alaa
yungas), por bajos que fueran tenían categoría de territorio machote (urco)
digno de los Aymaras del lado peruano del lago. En general, la
explotación de las yungas dependía del suyu afín, es decir, las
gente del umasuyu trabajaba en las plantaciones de las manca yungas
y viceversa.
Mientras
allá arriba se enredaban con esos conceptos, los Aymaras protagonizaban,
vía caravanas de llamas, el riquísimo intercambio comercial y cultural con
nuestros señores regionales de la Cultura Arica, quienes, aunque de genes
altiplánicos y supongo que con un fuerte componente Pukina, habían
emergido como líderes de entidades sociales autónomas tras el colapso del Tiwanaku.
Y así nuestros predecesores se fueron "aymarizando".
Lo
propuesto como esquema básico con fines docentes puede ser discutible pero es
mejor que la ausencia de información accesible al público. Podemos concluir que
los Aymaras eran una etnia de origen incierto que hizo lo posible por
subyugar y explotar a los Pukinas del desaparecido imperio tiwanakota y
abusar de los primitivos Uros establecidos en las islas de totora del
lago y en las riveras del río Desaguadero y que no intentó establecer una
estructura socio-política hegemónica en el territorio circuntiticaca. Falta
insistir en que eran excelentes guerreros.
Pero su
historia recién comienza...