HERNÁN LAGOS ZÚÑIGA
Arica, símbolo de gloria...
PRIMERA EDICIÓN
2001
© Hernan Alfredo Lagos Zúñiga, 2001
Derechos reservados para todos los países.
Inscripción Nº 119.339, 03/04/2001
Santiago de Chile
Impreso en Chile
Printed in Chile
Relatar la historia de Arica es un gran desafío; esto ocurre solamente cuando hay lugares en el mundo donde la aventura humana marca registros de 12 mil años de cultura o más. Relatar la historia de esta tierra mágica en su primer siglo de vida republicana es un privilegio.
Arica es riquísima en la existencia del hombre americano; el entorno de su desarrollo es un hábitat constituido por un territorio integrado por tres nichos ecológicos muy característicos, estos son: La costa, con altos acantilados en la parte sur y con la suave llanura que se extiende desde el Morro al norte y desde la playa hasta los primeros lomajes de los montes de la cordillera de la costa, conformación morfológica que marca el paisaje de la ciudad en su pronunciada bahía que se proyecta hacia el norte. La meseta media o precordillera es el segundo nicho ecológico, este, con extensas pampas desérticas surcadas por profundos y angostos valles transversales, y por último, el tercer nicho ecológico es altiplano cordillerano, salpicado de altos montes y conos volcánicos que con sus nieves eternas se transformaron en figuras tutelares del país de los Kollas. Esta composición morfológica de la geografía de esta parte del continente sudamericano ha marcado el que hacer humano de los ariqueños a través del tiempo; moldeando su carácter y su idiosincrasia, lo que en definitiva da una forma muy particular a su ser, a pesar de las migraciones y conquistas efectuadas por distintos pueblos a lo largo de la historia, siempre está presente el denominador común a la identidad de quienes se asientan en esta tierra, esta peculiaridad no hacen más que confirmar esa condición casi imperceptible de lo difícil que resulta distinguir cual es su realidad, Arica es tierra mágica.
De las culturas locales de pescadores y recolectores Arica en su evolución conoció del imperio de Tiahuanaco de gran y larga influencia en toda la zona, representada esta etapa de la evolución ariqueña en las culturas “Cabusa” y “Las Maitas” de 1.500 y 800 años de antigüedad respectivamente; existe una gran cantidad de elementos que testimonian el fuerte intercambio que se produce por esa época entre el altiplano y la costa, caracterizado por los fuertes lazos de intercambio económico que rigió este imperio, sus cerámicas ceremoniales y utilitarias son de variadas formas, no conocidas con anterioridad en la región costera, ejemplo de esto son los keros, jarras globulares, antro y zoomorfas, todas de excelente textura, con decoración policroma representando la fauna altiplánica como pumas, cóndores, ñandúes, etc., en los tejidos abundan los camisones, fajas, mantas de tejido simples y recamadas con plumas de colores de aves tropicales, confirmando de esta manera el intercambio entre las distintas zonas de influencia del imperio; los taris (pequeños paños policromos), y el característico gorro de lana de alpaca de cuatro punta que usaban los dignatarios taihuanacotas, también son usados en la zona costera, trajeron la religión andina que permanecerá hasta la llegada de los españoles; y que mantiene hasta el día de hoy algunas señas en la ritualidad del catolicismo impuesto por los evangelizadores españoles. A la decadencia del milenario imperio de Tiahunaco, los ariqueños desarrollaron una hermosa cultura local, caracterizada por la riqueza de su cerámica y textilería llena de color y figura, para aportar posteriormente al imperio de los Incas como una de las comarcas del Kollasuyo, así fue encontrada la tierra del Morro por los hijos del Cid, altiva con la identidad de los pueblos forjados en la adversidad como parte de una naturaleza árida e inhóspita, pero siempre dispuestos a romper el destino, a los pies del Morro se establece uno de los primeros asentamiento hispanos de lo que prontamente sería el Virreinato del Perú.
Una vez pacificados los naturales, Arica sirve de reposo y remanso a las agotadas mesnada de conquistadores que necesitaban recuperar las energías gastadas en las duras travesías del desierto, además de servir de buen abrigo y reabastecimiento a las débiles naves que daban apoyo a los que iban a conquistar Chile.
El avance inexorable de la Historia pone a Arica en su vida colonial como puerto de importancia, viendo transcurrir inmensas riquezas arrancadas de las entrañas de los Andes hacia la “Madre Patria”, las que fluían por sus caminos y bahía cual devotas romerías de peregrinos, en caravanas interminables, con el fin de satisfacer de tesoros a las siempre insaciables arcas reales españolas, siendo además codicia de piratas y filibusteros provenientes de las otras potencias europeas que de tiempo en tiempo ponían a prueba el valor y la lealtad de los ariqueños, Arica así ve que sólo se quedaba con el orgullo de su título de “Ciudad de San Marcos de Arica la Muy Ilustre y Real”, y la devoción y fe de sus hijos que se expresaba en su iglesia Basílica (Templo atribuido a la donación del portugués Baltazar Farfallares) la que resiste los embates de la naturaleza y del pasar del tiempo hasta rendirse definitivamente en el gran sismo de 1868.
Los relatos que encontrará el lector comprenden el periodo de 1810 a 1879, son simplemente eso, relatos, que no pretenden ser una obra de erudición, sino una forma de expresar lo que como una obsesión se fue coleccionando en la memoria cada vez que se presentaba la palabra Arica, en algún manuscrito, en algún documento oficial, en un trabajo de algún investigador, en el relato de alguna tradición familiar, en la leyenda o en la tradición de algún poblado, en la lectura de obras de los grandes historiadores, en definitiva en cualquier información donde apareciese relacionada Arica con los acontecimientos históricos; esto derivó en el naciendo de muchas notas, escritos y apuntes, que la más de las veces fueron anotados en precarios papeles que se disponía al momento de tener a la vista el dato encontrado o al escuchar el interesante relato, este afán hecho sólo con el simple anhelo que el conocimiento adquirido no cayese en el olvido, resultó que con el tiempo fueran quedando guardados en un anaquel, hasta que un día decidí darles un cierto orden, con el fin que se transformasen en una continuidad coherente los acontecimientos así consignados, transformándolos al final en el relatado que el lector conocerá.
Quien se interese por la lectura de lo aquí narrado, se encontrara con una historia que a lo mejor tiene muchos yerros, pero justamente el tomar la decisión de escribir y compartir lo que fui descubriendo tiene por objeto que se rectifique lo errado, se perfeccione lo cierto, se enriquezca con lo omitido y estoy cierto que con eso estaremos reconstruyendo una parte de la historia de Arica que en mucho ha sido distorsionada o se ha pretendido borrar de la memoria colectiva, ya fuese por razones políticas de los apasionados acontecimientos de la guerra de la independencia o los de las anarquías que se hicieron casi perenne en la de vida republicana del Perú y de Bolivia, como también las razones de los nacionalismos exacerbados del siglo XIX, todo esto fue factor determinante en el ocultamiento de información objetiva sobre el acontecer histórico de Arica en el siglo XIX, el nacionalismo fue un factor que no estuvo exento también durante el siglo XX y que dificultó bastante la investigación. El lector podrá juzgar con su propio criterio esta afirmación, la información tan dispersa, la distorsión de antecedentes, el ocultamiento o destrucción documental sobre este periodo de la historia de Arica no hacen más que ratificar lo dicho anteriormente.
El periodo de tiempo en la historia de Arica elegido para el relato histórico que se presenta se inicia al momento de una transformación radical en la vida la ciudad puerto, esta marcado nítidamente en el comienzo de los quince años de dolor, esfuerzos, heroísmo y leyenda que significaron la lucha por la independencia de estas tierras americanas de España; y que permitieron el paso del estado colonial a la vida republicana; terminando este relato al inicio de los acontecimientos de un acto que vistió de honor, de patriotismo y gloria a sus protagonistas, miembros de dos naciones hermanas enfrentadas en un conflicto bélico, nos referimos a la Guerra del Pacífico, por eso es de justicia señalar que aquel momento en la historia será marcado por siempre en la historia de Arica, así lo deja estampado don Pedro Ariel Olea en los versos del Himno de Arica que dice:
Es tu lema la Paz
y es tu grito Libertad,
tierra señalada de inmortalidad.
Es tu Morro Imponente
besado por el mar
símbolo de gloria, patria y lealtad.
En nuestro corazón
hay un himno vibrante para ti.
Clamor de multitud
juramento de fe en el porvenir.
Tu noble pabellón
con las glorias de Junio se cubrió.
¡Arica! ¡Siempre Arica!
¡Siempre Arica, hasta morir!
Considerando los sucesos de Junio de 1880 como el fulgor que da paso al nacimiento de San Marcos de Arica como tierra chilena.
El Autor.
Arica, comarca de lares calcinados por el sol, de suelos de arenales milenarios, de pagos de desiertos dibujados por estrechos y fértiles valles; territorio de profundas quebradas que surcan su salitrosa naturaleza que desafían las inertes pampas, tierra de geografía de rudos acantilados costeros bañados plácidamente por el mar Pacifico, vive la primera década del siglo XIX en su incursión en la historia americana con las mismas inquietudes del resto de sus hermanas iberoamericanas, estos tiempos traían en los vientos del desierto y en la brisa marina, los aires libertarios de la emancipación de la América Española, que desde sus entrañas impregnaría los espíritus criollos de los hijos de la tierra ariqueña.
Los aires libertarios conmueven también los corazones de muchos hijos de la Hispania, mucho de los cuales cumplían oficios en la administración colonial, en cargos militares o religiosos, habían nacidos en la península pero ya afincados en tierra americana, abrazan con pasión y lealtad la causa de la Independencia, transformando la larga lucha de 15 años en una guerra fratricida, enfrentamiento entre hermanos que no estuvo exento de los horrores propios que engendra el oficio de Marte, pero esta gesta también tuvo actos de heroísmo y sacrificios sublimes por parte de ambos bandos, los de la causa del Rey como los del la causa Americana, así, San Marcos de Arica, la ciudad del Morro, también es protagonista y escenario de la proeza que lanzo la gran aventura de la historia, como fue el nacimiento de las repúblicas de la América morena.
Arica de 1810, es una posesión española en Hispanoamérica, uno de los siete partidos que formaban la Intendencia de Arequipa, según la institucionalidad impuesta al Virreinato del Perú en 1784. Es puerto del océano Pacifico oriental, que no se encuentran exento de las repercusiones causadas por los acontecimientos de la "Madre Patria" a comienzos del siglo XIX con ocasión de la invasión napoleónica y el consecuente cautiverio del Rey Fernando VII, además la influencia que significó la vigencia de la constitución española de 1812 en la administración política en todo el imperio español.
Las inquietudes de los ariqueños de esos años se concentraban en las noticias que llegaban desde Chile, las que eran traídas por los marinos que arribaban al puerto desde el sur, como también llegaban noticias a la zona proveniente desde las riveras del río de La Plata, sucesos que generaban mucha intranquilidad y división en la sociedad ariqueña, en todo caso la población mayoritariamente se mostraba conservadora sumándose a la causa realista, sin embargo hay quienes simpatizaban con la causa de la emancipación, hay testimonios que hablan de criollos ariqueños que ya tenían tempranamente inquietudes revolucionarias similares a la de sus hermanos de otras latitudes de Iberoamérica.
Así es como ocurre en ese año que el gobernador (subdelegado según la nueva nominación de la institucionalidad Borbónica impuesta a las Américas) del partido de Arica, don Felipe Portocarrero y Calderón, sargento mayor de la 6ª Compañía de "Dragones del Rey" con guarnición en Arica [1] , se entera de algunas actitudes sospechosas que muestran algunos de los pobladores de su jurisdicción.
El gobernador, gracias a los corrillos lugareños que se difunden desde las tascas ubicadas en el caserío de las Maitas del valle de Azapa se entera de las inclinaciones subversivas de algunos connotados vecinos. Este pago esta ubicado a unas 6 leguas de la ciudad y que por esa época era muy concurrido por varones oriundos, marineros y viajeros que iban en busca de satisfacer con epicureísmo sus necesidades de diversión gastando así sus ratos de ocio. Los contertulios se reunían al amparo de un buen "chupe de camarones" o de un sabroso "sudado de cordero", o un “ají de gallina”, acompañado de un buen "vino pintatani" traído desde Chaca o Codpa, o un aguardiente de Locumba, o si el gusto del parroquiano lo solicitaba siempre estaba disponible un "guarapo"(aguardiente de caña de azúcar, sin destilar) de "Pago de Gómez", bebidas etílicas que soltaban con facilidad la lengua de los comensales ante la copiosa ingesta. Los alcohólicos vapores de estas bebidas introducían los influjos de Baco en las mentes, haciendo más amenas y bullangueras las tertulias.
Llenas las panzas y arriba los ánimos se armaba la fiesta, invadiendo el éter el ritmo del "landó", del "Cachimbo" o de una zapateada "zamacueca", algún “huaino” y uno que otro "zapateo", este baile más escaso por estos cobijos, por ser este un baile más de salón de los principales y de familias de bien, las canciones con hermosas rimas de poesía popular eran lanzadas al aire por las eufónicas voces de morenas cantoras y poseían coplas versadas por varones de fuliginosa piel, poseedores de voces profundas y capases de ejecutar audaces falsetes, eran acompañadas del sonido de guitarras, arpas, vihuela, bandolas, cajón y matracas de quijadas de burro. Los acompasados acordes invitaban al baile mezclados con el cadencioso y contagioso ritmo de las generosas caderas de las doncellas de ébano de estos pagos, pronto surgían la intimidad de los amores fugases entre olivos, matas de cañas de azúcar y chañares, concúbitos tapados por los cómplices quinchales de cañaveral de los ranchos del poblado, en improvisadas alcobas de totorales, entre besos y caricias ocurrían estos lances furtivos de eros, permitiendo el efluvio de las intimidades de esta sociedad pueblerina; así con la colaboración de los infaltables chismosos logra el gobernador Portocarrero interceptar una carta enviada por el distinguido balancero de las Cajas Reales de Tacna don Francisco Antonio Zela a don Ignacio Oviedo, este último estanquillero de la Renta de Papel Sellado y Tabacos de Arica, y propietario de una heredad de bastantes topos en el valle de Azapa, las sospechas surgieron por referencias en la carta interceptada a intercambio de provisiones que podrían tener un eventual uso en guerra, con estos antecedentes el gobernador dispuso la prisión de Oviedo y provocaron las consiguientes explicaciones de Zela.
Junio de 1811 transcurre en Arica en la calma y pasividad que caracterizó los últimos años de la colonia. El puerto de Arica se ve sumido en la decadencia como resultado del termino del Corregimiento, además complotaba a favor de la declinación de la importancia de la ciudad las terribles "tercianas", enfermedad endémica por esos años, concluyendo la fatal trilogía de factores negativos estaba el desvío hacia los puertos del Atlántico de embarques minerales desde el Alto Perú a Europa; alteraba este aletargamiento colonial la llegada ocasional de algún barco en busca de víveres, agua dulce, o de una que otra carga de minerales que aun fluía por estos derroteros, los que cruzaban los pastizales de Sajama en la bifurcación de los caminos a La Paz, Potosí, Chuquisaca, Cochabamba, etc., adentrándose a Tambo Quemado o Visviri bajando al valle de Lluta o trajinaban por el camino real de Arica, Tacna, Pachía, Palca, Guailillas, Tacora, Uchusuna, Casa Sola, Chulluncayatu, Hijadera, Santiago de Machaca, San Andrés, Nasacara, Llallagua, Viacha y finalmente para llegar a Nuestra Señora de la Paz. Los embarques de minerales llegaban a la costa en recuas de mulas y en catervas de llamas de propiedad de afamados "Trajineros" [2] , caravanas que retornaban desde el puerto a las tierras de los bofesdales, de las vizcachas, de las tarucas, de las vicuñas llevando finas mercaderías, estas cáfilas retornaban transportando bienes que acercaban a la “Madre Patria” y a la cultura europea a los descendientes de los conquistadores y a los altos funcionarios de la presidencia de Charcas, rompiendo el cosmos Kolla, cosmos del cielo límpido de azul profundo, de aire liviano y de volcanes que dibujan el horizonte con sus conos vestidos de nieves. Este trajín visitaba los pueblos enclavados en los Andes como verdaderas cuentas de un gran rosario algunos de ellos son, Putre, Ancara, Charaña, Copapuquio, Tacora, etc. las mercancías transportadas eran traídas desde otras latitudes por veleros que surcaban con audacia los mares australes desafiando las tormentosas aguas del estrecho de Magallanes, para internarse en el Pacífico donde entregaban sus suntuosas cargas a los puertos de esta costa, mercaderías que venían destinadas a saciar las necesidades de los notables de las posesiones hispanas de la costa occidental de América del Sur integrándose en este tráfico las demandas de las poblaciones de "La Audiencia de Charcas" o "Alto Perú".
Las características mañanas de invierno en Arica, nubladas, con su manto madrugador de "Camanchaca" (neblina) que cubre al amanecer cual velo de novia los desnudos cerros del desierto y que escapan como doncellas sorprendidas en pecado a medida que Crono acerca la media mañana, dejando en plenitud el dominio del "Inti", que cubre la tierra con sus rayos cual generosos brazos paternos, mostrando su pleno dominio en las antiguas comarcas que les fueran arrebatadas a sus hijos por el conquistador español. El gran Inti mantiene la agradable temperatura y la luminosidad de la eterna primavera permitiendo de esta forma condiciones más propicia para la producción de primores frutales del lejano valle de Azapa, que por los años del inicio de la emancipación iberoamericana se divisaba desde el Morro de Arica como un espejismo fantasmal, separado del pueblo por una pampa arenosa sembrada de piedras torneadas en forzado viaje como obligadas pasajeras de "Huaicos" de los ríos temporales, que son ocasionados por las lluvias estivales en la cordillera de los andenes, "Cordillera de los Andes", esta árida separación se veía sólo interrumpida por pequeñas masas vegetales crecidas al amparo de humedales del lecho seco del río "Acha" o del no menos importante aprendiz de río (a decir de Benjamín Subercaseux) el "San José", que por esos entonces en sus secas y pedregosas arterias discurrían tímidos hilos de agua que en su empozamientos permitían la vida de los temerosos y ágiles camarones que al sentir la presencia del hombre se escondían entre totoras, musgos, junquillos y berros, estas charcas también permitían la existencia del zumbón mosquito, el que traía las temida "Tercianas", mal que por esos años se culpaba al inocente Morro por no otorgar una ventilación más saludable a la población que permitiese evitar la enfermedad, habría que esperar al doctor Juan Noé y su Brigada Sanitaria Anti-Malarica en la primera mitad del siglo XX para que reivindicaran el prestigio sanitario de la granítica mole tutelar de Arica. A lo lejos mirado desde el poblado se divisaba el tambo de "Saucache", pequeña pero generosa sombra de molles y chañales donde habitualmente se dibujaba la silueta de algún mulo o asno afanoso engullendo "chala" o la verde y turgente alfalfa dada con generosidad por su "Cholo" amo, para luego más a lo lejos encontrarse con la hacienda "Buena Vista", marcada por la gran mancha de verde profundo de sus hispanos olivares que en esta época del año recibían en afanosa "Raima" el bregar de los brazos afroazapeños, muchos de ellos aun esclavos, cosechando sus oleaginosos frutos tan oscuros como sus pieles, esta primera hacienda se ubicaba a un par de leguas de las últimas casas de la villa que lucia muy ufana el importante rango otorgado por Felipe II algunos siglos atrás de "Ciudad Ilustre y Real".
En este ambiente la pequeña guarnición militar de Arica se ve incrementada por los acontecimientos ocurridos en la ciudad de La Paz, en Santiago de Chile como en la capital del Virreinato de la Plata la ciudad de Buenos Aires, con la instalación de las Juntas de Gobierno en 1810 en estas dos últimas ciudades cunden fuertes rumores que se produciría una sublevación en la zona y en especial en el Alto Perú, noticia que hizo que el Virrey José Fernando de Abascal y Souza, dispusiera el reforzamiento de la guarnición de Arica, es así como fue engrosado en Tacna y Arica un regimiento de Dragones de cuatro escuadrones, con un total de 600 plazas incluido Jefes y Oficiales. En los últimos días del mes de junio de 1811 llegan alarmantes noticias desde la vecina Tacna, estas nuevas, señalaban que la noche del día 20 había estallado una rebelión en dicha localidad, en contra de la dominación hispana, esta rebelión la acaudilla el criollo don Francisco Antonio de Zela y Arizaga, quien recibe el titulo de "Comandante de las Milicias Unidas de América", Zela era hijo de patricia familia limeña, nacido en lima el 24 de junio de 1768, su padre español Alberto de Zela, su madre María de las Mercedes Arizaga y Hurtado de Mendoza, hija de noble familia del Callao, Zela Arizaga trabajaba como balanzario y ensayador de las Reales Cajas del Partido de Arica con sede en Tacna.
El caudillo patriota es secundado por un numeroso conglomerado de criollos como don Pedro Gil de Herrera, además de mestizos e indios figurando entre estos últimos los caciques Toribio Ara y su hijo José Rosa Ara, Miguel Copaja y Ramón Copaja, este último cacique de Tarata. El movimiento subversivo de Tacna tuvo estrecha vinculación con la revolución de las provincias del virreinato de la Plata, iniciada el 25 de mayo de 1810, los argentinos emprendieron una expedición para sublevar los pueblos de la presidencia de Charcas y para ello comisionaron un ejército al mando del general Balcalcer y del abogado Castelli, más que poder militar, era una cáfila que tenía mucho de idealismo, aventura y del incipiente romanticismo, que empezaba a germinar en los jóvenes del siglo XIX y que hizo su apogeo más entrado ese siglo, los revolucionarios enviaron sendas proclamas a los pueblos del sur del virreinato del Perú, invitándolos a plegarse a la revolución, respondió a esta gesta emancipadora sólo el pueblo de Tacna y esta se materializo en la rebelión del 20 de junio de 1811, donde al amparo de la oscuridad cómplice de la noche y en total sorpresa los revolucionarios ocuparon el cuartel de caballería del Regimiento de "Dragones del Rey" y apresan a las autoridades, Arica mayoritariamente se manifiesta fiel a la autoridad real.
Los nubarrones del fracaso empiezan a cernerse sobre las testas de los conjurados, fatalmente el mismo día 20 de junio el ejército argentino de Balcalcer y Castelli era derrotado en "Guaqui" a orillas del Lago Titicaca por las fuerzas realista del general José Manuel Goyeneche y del Mayor general don Pío Tristán Moscoso ambos arequipeños, este último sigue en triunfo contra los argentinos por todo el Alto Perú hasta las fronteras de control de los sublevados de virreinato de la Plata, por las acciones de valor y triunfo Pío Tristán Moscoso es ascendido a Brigadier de los Ejércitos Reales. El domingo 23 de junio Zela revistaba sus tropas en las afueras de Tacna en la pampa de "Caramolle", el caudillo conocedor de su critica situación militar y las tensiones vividas, propias de la empresa comenzada hacia apenas 3 días, le provocan una congestión cerebral que inutilizo su cuerpo, eran aproximadamente la cuatro de la tarde, el enfermo caudillo es trasladado por sus hombres de mayor confianza a su casa, donde le esperaba su acongojada esposa doña María de la Natividad Siles y Antequera, este tremendo hecho negativo provocado por la salud de Zela, sumado a la difusión de la noticia de la derrota de las tropas patriotas en "Guaqui" hizo cundir el desaliento y la desmoralización en el corazón de los bisoños guerreros de la emancipación, quienes por su escasa disciplina y preparación militar comienzan a desbandarse, facilitando de esta manera el restablecimiento de la autoridad real en estos dominios, acción que hace con gran temple militar las tropas enviadas desde Arica, estas fuerzas iban al mando del Sargento Mayor Rafael Gavino de Barrio, que al llegar al Valle del "Caplina" no encuentran gran resistencia en el cuartel ubicado próximo a la pampa de Caramolle, con decisión se procede a la liberación del Subdelgado Portocarrero, del Alcalde ordinario Cipriano de Vargas y otras autoridades que habían sufrido el cautiverio en el levantamiento, poniéndose en prisión a los cabecillas del alzamiento. Zela es apresado en su casa por el propio comandante Gavino de Barrio y por el Alcalde Ordinario de Tacna, Cipriano de Vargas, el caudillo criollo permanece detenido por algunos meses en la ciudad capital del Partido, siendo trasladado a Arica para embarcarlo rumbo a la prisión de "Real Felipe" del Callao, es condenado a muerte, se esperaba que esta ejecución fuese con toda la pompa necesaria para que sirviese de escarmiento a otros que pretendieran seguir por la misma senda del patriota de Tacna, la pena capital impuesta es conmutada gracias a la intervención de los poderosos parientes de Zela, entre los que se encontraba su hermano político el acaudalado comerciante García Urrutia y su hermano, el sacerdote Miguel de Zela en ese momento cura de la parroquia de Pasco, según sus contemporáneos no solo vasto la influencia de importantes personajes sino que además se derramo bastante oro para lograr el indulto, la conmutación de la pena de muerte fue por la prisión por 10 años en el penal de San Lorenzo de Changres (Panamá), donde falleció a los cincuenta años de edad, acosado por su mal y por el mal clima de la región, no retornando más a su suelo patrio.
Así transcurrieron los primeros suceso que hicieron sentir a los ariqueños los vientos revolucionarios en su propia casa, y que ya no se detendrían hasta verse estas tierras transformadas en parte de una de las nacientes repúblicas americanas. Por Ley del 26 de mayo de 1828 del segundo congreso del Perú, da a Tacna la categoría de Heroica Ciudad, como reconocimiento de haber sido el primer pueblo de esa república en que resonó el grito de libertad, al parecer los ariqueños siguieron conforme con su titulo de "Muy Ilustre y Real".
De los acontecimientos de Tacna de junio de 1811, Arica vuelve aparentemente ha adormecerse en su tranquila vida cotidiana que caracterizo los años finales de la colonia.
"San Marcos de Arica" puerto chileno del Pacifico Oriental ubicado en el continente Americano a 18º, 27', 55", latitud Sur y 74º, 44', 9" de longitud Oeste, Provincia de la primera región "Tarapacá; en 1810 jurisdiccionalmente era parte del Virreinato del Perú, Partido de la Intendencia de Arequipa. Este Partido sureño del Virreinato lo integraban entre otras localidades los valles de Azapa, Lluta, Chaca y Codpa, Camarones, Belén Tacna, Sama, Tarata, Locumba, incluyendo pueblos cordilleranos que a finales del siglo XX forman la provincia chilena de Parinacota. Tacna se constituyó afines del periodo colonial en cabecera del Partido de Arica, estableciéndose por lo tanto allí la residencia de los Subdelegados (Gobernadores) y la sede de las Cajas Reales, ya que se estimo más segura dicha ciudad ante la eventual arremetida de corsarios que aun infectaban estos mares, además de la mejor salubridad que presentaba su clima, en tanto el puerto de Arica era contagiado por el paludismo además había una gran ocurrencia de la tuberculosis (membrana al decir colonial) por lo que se le consideraba a la ciudad de Arica una ciudad malsana.
Además de las actividades generadas por el transito de mercancías al Alto Perú, la economía ariqueña de esos años se desarrollaba en forma importante en la producción agropecuaria, siendo en este rubro lo más representativo los vinos de Locumba, Chaca y Codpa; el aceite de oliva de Azapa (Cuzapa [3] ), ají, algodón, productos de pan llevar, algo de ganado mayor y menor de los distintos valles del Partido. En la economía ariqueña de fines de la colonia también había algo de producción minera, plata, oro y cobre (Choquelimpie, Huantajaya, Camarones); la economía del Partido para esos años contabilizaba ingresos en las Cajas Reales de la Intendencia (Arequipa) por 130.500 pesos; no considerado los ingresos de la Aduana de Arica.
Desde el punto de vista de la demografía la población del Partido de Arica se estimaba para el año 1810 en unos 18.000 almas aproximadamente, así Belén registraba 1.600 habitantes aproximados, Codpa 2.075 habitantes y San Marcos de Arica contaba con una población de unas 1.400 almas aproximadas, este censo fue efectuado después del terremoto de noviembre de 1810.
Según el censo de 1796 de Gil de Taboada la población del Partido de Arica estaba compuesta de la siguiente forma:
Religioso 21
Españoles 1.585
Indios 12.820
Mestizos 1.977
Castas Libres 985
Esclavos 1.294
Total : 18.682
Se considera que esta información no debería tener gran variación con respecto a la población de 1810.
La ciudad se recuperaba lentamente de las consecuencias del terremoto del 14 de noviembre de 1810, él que había terminado con el relativo silencio telúrico del siglo XVIII, lapsus de tiempo que sólo se había visto interrumpido en su tranquilidad sísmica en 1784, por un violento temblor, pero que no había pasado de ser un violento sacudón.
Arica, después del evento sísmico de 1810 sé encontraba tan destruida y desolada que apenas se podía encontrar vestigios de su antiguo esplendor, a pesar de eso se le seguía considerando con el rango de ciudad, pues de los núcleos urbanos de toda la Intendencia de Arequipa sólo a dos de ellos se le otorgaba el rango de ciudad en la documentación oficial del virreinato, Arequipa y Arica; a dos como villas, Moquegua y Camaná, y ochenticuatro como pueblos.
El trazado urbano de la ciudad de San Marcos de Arica tenía por esos años unas pocas manzanas, que no superaban las diez. Las casas eran de un piso y solamente las de las familias más pudientes estaban construidas de adobes, bloques de barro y paja que se confeccionaban con greda sacada de una cantera que estaba ubicada en el sector que llamaban "La Chimba Alto" o "Pampa del Astillero", esta cantera estaba emplazada en un alcor a unas 6 cuadras de la desembocadura del río San José en dirección sudeste, este filón gredoso fue utilizado hasta ya muy entrado el siglo XX, en que aun se seguían utilizando estos bloques de barro y paja en la edificación de viviendas u otros edificios. Las techumbres de las casas de la ciudad a comienzos del siglo XIX eran construidas con vigas de roble, que eran traídas desde el reino de Chile o de Guayaquil, puestas horizontalmente sobre los muros se cubrían con una estera tejida de cañaveral y totoras recubierta con una torta de barro y conchas de moluscos molida de algunos centímetros de espesor, esta superficie se veía interrumpida de vez en cuando por una o más casetillas que hacían las veces de claraboya. La arquitectura de estas viviendas era muy simple y carecían de cualquier adorno, esencialmente cubicas, sus fachadas cuando eran de adobe tenían sólo una ventana y una puerta, estas normalmente manufacturadas con maderas rústicas y toscas, los dinteles de puertas y ventanas estaban constituidos por dos vigas de roble que soportaban los adobes de la parte superior que se colocaban ahí para completar la altura del muro, el interior de las casas lo formaban un pasillo de 1,5 mts. de ancho aproximado y que con gran frecuencia se le ubicaba al lado derecho - mirado desde la puerta al interior- del terreno que ocupaba la vivienda, al lado izquierdo de la edificación se ubicaban las habitaciones que variaban de 3 a 5, cada una de ellas tenían como promedio unos 15 mts.2 y algunas de estas estaban comunicadas entre sí a través de una puerta interior, remataba esta seguidilla de habitaciones un salón, el que era usado como comedor y sala de estar, este salón daba normalmente a un patio interior donde se encontraba la cocina, aquí se criaban aves de corral, en ese lugar también se encontraba el "pozo negro" del excusado, el fondo de este recinto normalmente era el lugar donde se colocaban los trastos viejo, los patios se separaban de las casa vecinas con tapias de adobe de altura media, en estas tapias cuando no colindaban con ninguna otra propiedad usualmente se construía una puerta de servicio que llamaban "puerta falsa". Los pisos de las casas de las familias más acomodadas eran entablados, siendo la generalidad de tierra endurecida, el uso de bloques de barro cosido (ladrillo) era muy escaso, no se usaba para las viviendas, su uso era restringido a las grandes edificaciones como conventos, iglesias o construcciones militares, las restante viviendas, y que eran la mayoría, estaban construidas en sus paredes de palos parados enterrados, una vara transversal a ras de suelo, otra media altura y otra en el extremo superior, afirmaban el tejidos de totoras y cañaveral que embadurnaban con barro, estas edificaciones le llamaban "ranchos", cuya estabilidad y permanecía eran por razones obvias de corta duración, las bondades del clima cálido y sin precipitaciones conspiraban en contra de forzar a los pobladores a una mayor preocupación por mejorar la construcción de sus viviendas, además que este tipo de construcción tenía la ventaja de dar mayor seguridad ante la eventualidad de un sismo de proporciones, en estas condiciones la arquitectura ariqueña no tuvo oportunidad de mostrar algún desarrollo.
Las polvorientas calles de la ciudad se habían reducido a dos trazadas de oriente a poniente, una que iba desde la Merced al puerto y otra que corría desde San Francisco a la marina, esta ultima pasaba por el costado norte de la Iglesia Mayor (San Marcos) y de la plaza que por entonces sólo era un solar baldío arenoso que se usaba como lugar de remanso de las recuas de mulas "pianeras" [4] y de las catervas de llamas que esperaban que sus amos "Trajineros" les cargaran sobre sus lomos las mercancías con destino al Alto Perú, de una vertiente que afloraba cercana a las faldas del Morro se había establecido un bebedero para el ganado. Además existían dos calles transversales de sur a norte, que no guardaban proporción en sus cuadras, formaban manzanas de diversas figuras y en gran desorden construidas sólo en algunos tramos de estas, las calles conservaban restos de su antiguo empedrado, que se resistía ha desaparecer como remembranza de su pasado esplendor, en la costa estaban los varaderos y patios donde se acumulaban las mercaderías recibidas o por embarcar, las más privilegiadas estaban en pequeños bodegones de caña y madera que más parecían ranchos, pero que los orgullosos ariqueños llamaban almacenes, en este sector de la ciudad aun se podía apreciar algunas construcciones de defensa las que denominaban "El Fuerte".
Bien se veía que San Marcos de Arica había perdido su importancia económica como resultado de los cambios de la administración colonial que derivó la actividad portuaria del Alto Perú a los puertos del Atlántico y de la destrucción producto del terremoto de 1810, su decadencia se reflejaba hasta en su estructura urbana, la simetría y calidad que había visto Amadeo Francisco Frézier en su visita al puerto casi 100 años antes estaba perdida, sin embargo aun se conservaban importantes construcciones como las cuatro iglesias, que al observador que arribaba al puerto allende los mares mostraban la silueta de sus campanarios, estos templos eran: la Basílica de San Marcos que se había construido en 1640, la del convento de San Francisco fundado en 1637 con su templo llamado iglesia de la Matriz, el de la Merced, convento fundado por Cédula Real del 5 de octubre de 1594 era de menor tamaño que los otros y por último la capilla de San Juan de Dios ubicada a un costado del Hospital del mismo nombre, situado a los pies del cerro de la Cruz, la vicaría de Arica estaba servida a comienzos de la revolución de la independencia por 6 franciscanos, 2 mercedarios y 4 hh. de San Juan de Dios.
El paisaje de San Marcos de Arica con la gran ensenada que forma la bahía de Arica se veía con una peculiaridad que los otros puertos de esta parte de Sudamérica no exhibían, pasado los últimos ranchos hacia el norte del poblado se podían observa las chacras de la "Chimba" que ocupaban unos 380 acres de superficie, los que eran regadas por las abundantes vertientes que afloraban en esa zona a orillas del mar, estas alquerías eran cultivadas por labriegos mulatos o negros de motudas cabelleras que aun mantenían sobre su cerviz la condición de esclavos. Hortalizas, ajíes, zapallos, frutales como guayabas tumbos, chirimoyas, dátiles, ciruelas, plátanos, etc. eran algunos de los productos que satisfacían las demandas de la población, también de ahí provenían parte de la totora y cañaveral que se usaba en obras de arte de la construcción de viviendas, aquí se producía buena parte de la artesanías utilitaria par los usos comunes de la población, este insospechado paisaje daba una visión más agradable ante el dominante color ocre que en gran variedad de tonos confundía en un solo conjunto cromático el poblado con los cerros del entorno, esta visión del verdor del la "Chimba" daba al viajero un alivio visual al observar el pequeño solaz de vegetación incrustado entre tan agobiador paisaje al momento de hacer su ingreso marítimo al puerto, también se veía la costa lineada por una fina estela blanca, la que se producía al chocar el azul mar con pasividad afectuosa en sus playas y roqueríos, Arica mostraba al sur de este entorno un promontorio blanco, el que parece escapar rebeldemente de las profundidades del océano, este islote brindaba optimo lar en los atardeceres a las aves marinas, que con su estiércol proporcionaban un aroma característico al sector del embarcadero, poco agradable el vaho que emanaba en especial cuando se recibía la brisa del sur, pero que también anunciaba la presencia de un excelente abono para los cultivos de Azapa y la "Chimba", este promontorio fue llamado por los españoles "Isla de guano" o del "Alacrán"; y por último completando el paisaje, ahí siempre en su actitud tutelar de eterno custodio, el imponente Morro besado por el mar [5] .
En los últimos días de Diciembre de 1812 recala en el puerto de Arica en busca de reabastecimiento de víveres y agua dulce el almirante Antonio Pareja, encargado por el Virrey Abascal para la pacificación y recuperación de la autoridad real en el reino de Chile, este acontecimiento trajo a los ariqueños de nuevo en mente los aires de la revolución independentista, la población aun mantenía fresco en sus recuerdos los acontecimientos de la rebelión de Zela. La expedición de Pareja no era muy numerosa, pues las autoridades militares del Virreinato consideraban que la reconquista de Chile seria obra fácil, las noticias que llegaban a Lima desde la lejana provincia rebelde señalaban el desorden en que se había sumido la sureña colonia, lo que habría generado el descontento de la población con las autoridades consideradas de facto. Por lo que se suponía que la mayoría del pueblo estaría por la reinstauración del orden que representaba la autoridad real, en consecuencia con esta idea los estrategas del partido del Rey pensaban que la sola presencia de la expedición bastaría para retornar las cosas al antiguo régimen y así poner orden en la sublevada provincia. El almirante Pareja había zarpado del Callao el 12 de diciembre de 1812 con un barco, con algunos oficiales y 50 soldados veteranos que le servirían de instructores, más vestuario y $ 25.000.- en dinero, a fines de diciembre arriba a Arica como ya se ha dicho, tomando rumbo al sur luego de una breve recalada hecha para abastecerse de víveres y agua dulce con el fin de enfrentar en mejor forma la difícil travesía marítima que por esa época del año daban los vientos y corrientes adversas de las costas entre Arica y Coquimbo, considerando además hostiles al Rey los puertos de Coquimbo al sur, lo que dejaba un largo recorrido hasta Chiloé que le representaba puerto seguro para su misión.
En Chiloe con la colaboración de la plaza de Valdivia, esta plaza se había manifestado a favor del Rey el 16 de marzo de 1812, pretendía formar las fuerzas expedicionarias que operarían entre Concepción y Santiago. Pareja hace puerto en Ancúd el 18 de enero de 1813, hay que recordar que Chiloé fue la última posesión española que permaneció fiel al Rey en América del Sur.
En tanto ocurrían los acontecimientos en Chile, los hechos del noroeste argentino también tenían influencia en la zona, las noticias que llegaban a través de los trajineros que iban y venían del Alto Perú eran muy intranquilizadoras para los partidarios del régimen colonial. Así mismo, sembraban la incertidumbre revolucionaria los emisarios enviados por Belgrano a los pueblos del Bajo Perú, en especial a los del sur del virreinato, los triunfos de los argentinos en Tucumán el 12 de octubre de 1812 y del 23 de febrero 1813 en Salta ponen inquieta a toda la estructura virreinal, ante estos acontecimiento Arica sigue mayoritariamente fiel al bando realista, sus habitantes procuran mantener la normalidad de la rutina entre las labores portuarias y las labores agrícolas de sus valles, estas actividades comenzaban a verse alteradas por el ritmo natural que iban generando los acontecimientos de Chile y de Buenos Aires, las autoridades comienzan a mantenerse en alerta y se ven obligadas a tomar medidas para apaciguar los ímpetus de la sublevación que nuevamente comenzaba a gestarse por estos dominios.
El rumor revolucionario se hacia sentir en los corrillos de la capital del Partido, noticias que no tenían ajeno al Intendente de Arequipa ni a las autoridades de Lima. Por ese entonces subdelegado (Gobernador) y comandante militar del Partido de Arica el año 1813 era el teniente coronel Antonio de Rivero y Araniba, querido y respetado en todo el Partido de Arica, pero calificado como “blando” por los más recalcitrantes realistas
Así ocurre que el domingo 3 de octubre de 1813 sucede un hecho que marcará uno de los hitos en la vida de la región, y dejará su huella en los anales de la historia regional, gesta que destaca el esfuerzo de los hijos de este sector de América por lograr su libertad. Ese primer domingo de octubre, estalla en Tacna, cabecera del Partido de Arica, el segundo acto de rebelión contra el dominio español en la zona, y que se ha conocido como la "Revolución de Paillardelle y de Calderón de la Barca", tomó ese nombre porque quienes acaudillaron el movimiento revolucionario estos eran don Enrique Paillardelle y Zanabria y el Alcalde de Tacna don Pedro Calderón de la Barca y Lois [6] .
Ese domingo 3 de octubre de 1913 se celebraba la festividad en honor a la Virgen del Rosario, patrona de Tacna, la celebración se llevaba a cabo con grandes manifestaciones de fe popular, uno de los actos principales de los festejos era la misa que se celebraba a media mañana en el templo principal de la ciudad, al acto litúrgico concurría masivamente todo el pueblo y sus autoridades. Ese año una vez que había concluido la tradicional y concurrida misa en honor a la Virgen, numerosas personas se desplazan ha reunirse en la casa del párroco Juan José de la Fuente y Bustamante, cosa que no debería llamar la atención de nadie por ser costumbre que los principales vecinos visitaran al párroco una vez terminada la misa central llevándole donaciones para las obras de caridad. Ese día entre los concurrentes a la casa del párroco estaba el alcalde y todo el cuerpo edilicio que había sido elegido el 11 de julio de 1813 conforme a la Constitución Española de 1812, la que permitía la elección de los ayuntamientos. Serían las 11 de la mañana aproximadamente cuando de pronto se hace presente en la casa del párroco el teniente coronel don Francisco Suero, este oficial en actitud hosca aparece en la puerta de la casa parroquial, venía comisionado por el Intendente de Arequipa José Gabriel Moscoso con amplios poderes y con ordenes de actuar con energía ante los fuertes rumores de sublevación que llegaban desde todos los rincones de la Intendencia; entre las medidas que debía tomar el comisionado estaba el remplazo como Subdelegado del Partido de Arica del teniente coronel Antonio Rivero y Aranibar, a quien se le consideraba autoridad débil por no imponerse sobre los sediciosos, el alcalde Calderón de la Barca sale con decisión al encuentro de Suero, y según testigos se produce más o menos el siguiente dialogo:
· Calderón: "Esto reza con usted señor teniente coronel, los vecinos de Tacna y el cabildo que presido se oponen a su recibimiento";
· Suero: "no comprendo... ¿qué razones hay?”, respondió el jefe realista en una reacción de desconcierto;
· Calderón: “Sabemos que usted viene a remplazar a nuestro subdelegado, el teniente coronel don Antonio Rivero, quien es una digna autoridad" y con mayor firmeza le señala, “El señor Intendente no tiene facultad para ello. Sólo la Suprema Junta de Regencia del Reino de la que el puesto depende, puede hacerlo, le repito el Cabildo de Tacna y el Cabildo de Arica están de acuerdo para oponerse a la salida del Subdelegado Rivero y Aranibar".
El teniente coronel Francisco Suero con su plana mayor se retira mordiéndose la humillación recibida y se dirige al cuartel de "Dragones" que prestaba guarnición en la ciudad de Tacna, unidad militar que contaba en ese momento solamente con un escuadrón, ya que el otro hacía guarnición en el puerto de Arica, el jefe realista no se atreve a emprender ninguna acción hasta terminada la festividad religiosa, era sabedor de la devoción del pueblo, por lo que intuyó que efectuar cualquier acto en contrario era de inmediato impopular. A las 7 de la tarde terminaba la solemne procesión de la Virgen del Rosario las gentes acostumbraban ha quedarse haciendo vida social en las afuera de la iglesia principal, en esta oportunidad había una aglomeración de personas más allá de lo normal, la gente no se retira de las calles como era habitual al caer la tarde a la hora de la oración, el ambiente se percibía denso, como presintiéndose que algo importante ocurriría, hasta las 10 de la noche ninguno de los dos bandos en pugna habían originado ninguna actividad, pero a esa hora un numeroso grupo de conjurados encabezados por Enrique Paillardelle, José Gómez y el propio Manuel Calderón de la Barca, apresan a los jefes realistas Francisco Suero y al Capitán Antonio Palacios y neutralizan a las tropas, algunos oficiales criollos de esta guarnición hacen causa común con los insurgentes entre estos se cuenta el teniente Santiago Pastrana, al difundirse la noticia por el pueblo como a las 12 de la noche y ya dominada la situación militar por parte de los insurgentes la muchedumbre se arroja a las calles lanzando gritos revolucionarios de ¡Viva la Patria!, ¡Viva Belgrano!, ¡Viva la Junta de Buenos Aires!. Con lo que se demostraba la infiltración en las masas populares de activistas de la causa emancipadora venidos allende los Andes, las milicias patriotas tienen que hacer buenos esfuerzos para evitar el pillaje que la oscuridad de la noche invitó a más de un poblador díscolo que había sido presa de los vapores etílicos del elixir del dios Baco, pero que los revolucionarios supieron controlar a tiempo.
En tanto la noticia cae como agua fría en Arica, cuando llegan los propios en las primeras horas de la mañana del lunes 4 de octubre, el temor de la gente se generaliza en la conservadora ciudad puerto, de las 26 familias españolas residentes en el puerto todas tenían familiares y bienes en Tacna, mientras que el resto de la población mayoritariamente mestizos, mulatos y negros se mostraban ajenos al acontecer político y solamente reaccionaban conforme a los decires de sus amos y patrones. El cabildo de Arica se había manifestado en favor de la permanencia del Subdelegado y jefe militar don Antonio de Rivero y Araníbar pero no estaban de acuerdo en desconocer la autoridad virreinal, los ariqueños se mantenían fiel al juramento efectuado por sus autoridades en la instalación del Ayuntamiento en el recién pasado mes de julio de 1813, ceremonia que se llevó a cabo en el corro de la iglesia Basílica de San Marcos por no haber Casa Consistorial, esta recién se comenzaba a reconstruir en un solar al costado norte de la plaza de armas, el anterior edificio había sido destruido por el terremoto de 1810. La ceremonia de juramento e instalación del Ayuntamiento fue presidida por el gobernador Antonio Rivero y Araníbar quien tomó juramento a los miembros del cabildo y al Alférez Real a nombre de los habitantes de San Marcos de Arica, este juramento rezaba así: ¿Juráis a Dios nuestro Señor por la señal de la Cruz, defender la religión, lealtad y fidelidad a nuestro amado Rey, a la Patria y a la Purísima concepción de María Santísima, Señora Nuestra?.
La guarnición de Arica sólo contaba con un escuadrón de caballería de "Dragones", y una compañía de infantes, tropa que tenían la responsabilidad de custodiar el puerto, estas fuerzas permanecieron fieles al Rey no adhirieron a los revolucionarios de Tacna, pero como no eran lo suficientemente fuertes para enfrentar a las tropas de Paillardelle permanecieron sólo en estado de alerta ante una eventual bajada de los sublevados a la costa por lo que hizo guardia en el vado del Lluta, sin descuidar las defensas de la costa ante la noticia de la presencia de ingleses que hacían corso contra los españoles, los ingleses por esos años también mantenían guerra con Estados Unidos de América.
Enrique Paillardelle tuvo estrecha vinculación con los revolucionarios argentinos del general Manuel Belgrano, Paillardelle distinguido patriota americano de origen francés por su padre y peruano por su madre, había nacido por casualidad en Buenos Aires, su madre una hermosa limeña de nacimiento, había pasado a España por el año 1790 en demanda del mayorazgo de Zanabria que correspondía a su familia, casándose en Madrid con un francés emigrado.
De regreso a América la señora Zanabria, se estableció temporalmente en Buenos Aires, donde nació su hijo primogénito Enrique, hasta que en los albores de 1810 este joven abrasa con ímpetu la causa revolucionaria tomando las armas junto a Balcalcer y Castelli, el joven revolucionario cae prisionero en Guaqui. Es confinado desde ese momento en Tacna con muchos otros prisioneros de ese hecho de armas, entre ellos el argentino Mariano Vidal, ministro del Perú años más tarde, Paillardelle obtiene la libertad condicional bajo palabra de honor de permanecer en la ciudad, beneficio que obtiene gracia a las gestiones e influencia de tacneños pertenecientes a las principales familias de la zona, sin embargo sus convicciones sobre la independencia de América impulsan el revolucionario Paillardelle ha organizar con gran dedicación el levantamiento de esta comarca que culminan en lo sucesos de octubre de 1813.
Paillardelle y su gente consiente que el inmovilismo jugaba en su contra determino salir de Tacna el 28 de octubre, por esos días tiene la infausta noticia de las estrepitosas derrotas de Belgrano en Vilcapugio, lugar ubicado entre Oruro y Potosí y en Ayoma en el departamento de Cochabamba, hecho de armas ocurridos el 1º de octubre. Las fuerzas patriotas de Tacna estaban formadas por 800 hombres incluido jefes y oficiales, 500 de estos reclutas eran tropas muy bisoñas, habían sido reclutadas entre los hijos de los distintos pueblos del Partido, las tropas de Paillardelle tenían como base de mayor valer militar parte importante del escuadrón de "Dragones" que después de la sublevación del domingo 3 se habían sumado a la causa americanista, entre los jefes patriotas se contaban distinguidos vecinos de Tacna y de Arica entre ellos los capitanes José Gómez y Pedro Rospigliosi y el teniente José Pastrana, el primer objetivo era operacionar sobre Moquegua y Arequipa, según el plan coordinado con los argentino, este plan contemplaba que también debería sublevarse Tarapacá, Belén, Tacna, Moquegua y principalmente Arequipa, en esta última, la rebelión debería acaudillarla Manuel José Rivero hermano del gobernador de Arica.
La salida de las novatas fuerzas patriotas lo hacen en dirección al norte remontando la "Quebrada del Diablo" para trasponer la pampa de "Intiorco" llegando a la quebrada de Sama en una Jornada, superando en un día la arenosa planicie desértica, el 29 comienza la segunda jornada para llegar al valle de Locumba donde hacen un alto para dar descanso a los hombres y alimentar las bestias, el día 30 se envían patrullas de reconocimiento ante la información de lugareños que decían haber vistos tropas arequipeñas en las cercanías de Moquegua, confirmada la noticia Paillardelle determina iniciar el avance sobre Moquegua al repuntar el alba del día 31, esa madrugada las tropas emancipadas comienzan a ganar la ladera norte de la quebrada de Locumba enfrentando la pampa de "Camiara", extensión desértica de arenas salitrosas no muy blandas y que no presenta en su primera extensión grandes accidentes geográficos lo que la hace campo ideal para las operaciones de la caballería, a las 10 de la mañana a una 5 leguas del tambo de Camiara se divisan las tropas enviadas por el Intendente José Gabriel Moscoso, las que venían comisionadas a sofocar la rebelión de Tacna, la orden impartida por el Intendente era que si se hacía necesario se sofocara la rebelión a sangre y fuego. Estas tropas realistas estaban al mando del coronel José García de Santiago y Capón, las tropas del Rey estaban integradas en casi su totalidad por soldados fogueados en la reciente campaña de pacificación del Alto Perú. El choque entre ambos ejércitos se produce casi al medio día, ambos bandos demuestran gran valor y arrojo, sin embargo la mayor experiencia y disciplinas de los arequipeños demostró pronto la superioridad y valer militar que tenía con relación a sus novatos antagonistas de Tacna, las tropas de Paillardelle hacen tres intentos por romper la cerrada resistencia de los realistas, hasta que estos toman la iniciativa con mucha habilidad táctica, logrando vencer los bríos ofensivos de los tacneños, la carga arequipeña fue tan recia que provoca la desbandada de los insurgentes. El comandante Enrique Paillardelle logra huir con dirección al Alto Perú por el paso de Candarave, las tropas realistas capturan al grueso de la tropa rebelde que huía en desbandada y entran sin mayor resistencia a Tacna, donde ya el mismo día de la batalla de Camiara había sido restablecida la autoridad por las tropas llegadas desde Arica, el Alcalde Calderón de la Barca fue detenido en su escondite y remitido a Oruro donde el General Joaquín de la Pezuela, futuro Virrey, en ese momento jefe máximo de las tropas realista en las acciones del Alto Perú. El prisionero es conducido con buena escolta y pliego cerrado, se le sindicaba como "Conspirador peligroso", posteriormente se le envía a Arica para remitirlo a cumplir prisión a “Real Felipe” en el Callao, el alcalde Calderón muere en un naufragio años más tarde cuando retornaba a su tierra después de haber sido liberado de su prisión por el general argentino José de San Martín. En tanto Manuel José Rivero, el responsable de sublevar Arequipa fue capturado y enviado engrillado al Callao por el Intendente Moscoso, donde se le siguió un juicio durante dos años, siendo su defensor el distinguido jurista don Manuel Pérez de Tudela, el gobernador Antonio Rivero fue destituido y reemplazado por el teniente coronel Francisco Suero, así de esta manera terminaba un nuevo intento por la libertad y la independencia. A pesar del fracaso no hubo desanimó en los espíritus de los patriotas de la zona que seguirían aportando a la causa americana con su esfuerzo y valor hasta logra el triunfo de Ayacucho.
Con todo lo que representaba los hechos de Tacna para la población ariqueña se venía a sumar las inquietantes noticias que decían relación a la presencia por estos mares de buques de guerra de Estados Unidos como la fragata "Essex" de 32 cañones y 319 hombres, el buque estadounidense se presenta por estas latitudes con el fin de despejarlos de corsarios ingleses y proteger las naves mercantes de su país de los buques de guerra ingleses con quienes el país del norte se encontraban en guerra, pero esas circunstancias tampoco hacían a los norteamericanos amigables con los españoles ya que estos manifestaban claras simpatías por la causa emancipadora, sin embargo los acontecimientos que provocaban temor en la población ariqueña, traían algo favorable para la alicaída economía ariqueñas, la razón de este circunstancial beneficio era ocasionado por la perdida del control de Buenos Aries por parte de España lo que obligó a que los abastecimientos del Alto Perú se efectuasen por los puertos del Pacífico tales como Ilo, Mollendo y principalmente Arica, esta tuvo cierta ventaja por el hecho de ser puerto libre, condición que sustentaba desde 1778, estas circunstancias generaron un dinamismo coyuntural de la actividad portuaria haciendo ver a los ariqueños con cierta esperanza un resurgimiento de la antigua importancia de San Marcos de Arica.
Así Arica se va transformando poco a poco en lugar de reclutamiento y campo de preparación de tropas realistas y plaza de acumulación de pertrechos que envía el Virrey Abascal para la reconquista de la Capitanía General de Chile y el control definitivo de la Presidencia de Charcas.
1814, será un año de grandes acontecimientos, San Marcos de Arica vivirá momentos de tensión revolucionaria como momentos de grandes muestras de devoción religiosa, lentamente se sigue con la reconstrucción de la ciudad, el convento de San Francisco, el convento de la Merced, la basílica de San Marcos muestran un mejoramiento importante de sus vetustas estructuras de cal y canto, el esfuerzo de los fieles por la reconstrucción dan muestra que la vicaria de Arica tenía una grey de mucha devoción religiosa, es así como la comunidad se apresta a recibir como un gran acontecimiento la visita del Obispo de la diócesis de Arequipa, Monseñor Luis Gonzaga De La Encina y Perla.
Por esos años Arica era provincia de la Diócesis de Arequipa, la provincia diocesana la componían la Vicaría de Arica y las doctrinas de Codpa y de Belén, la comunidad de toda la provincia diocesana organiza la recepción, los preparativos se efectúan con dedicación y meticulosidad para tan importante acontecimiento, muchos feligreses ven en la visita pastoral del Obispo una señal del Creador a sus atribulados hijos ariqueños en el sentido de poner las cosas en orden después de las desgracias vividas a causa del terremoto de 1810, como también una señal para la vuelta a la tranquilidad que se ha ido perdiendo a causa de los conatos revolucionarios vividos en el último tiempo.
El cabildo determinó designar una delegación de notables para que recibiera al Obispo De La Encina en el vado de Chacalluta en el estuario del río Lluta. El Obispo arequipeño venía de su visita pastoral a Tacna donde fue recibido con grandes muestra de devoción cristiana, había participado en esa ciudad de la fiesta de La Virgen del Rosario patrona de esa ciudad que se celebra el primer domingo del mes de octubre, acompañaba al obispo una comitiva de unas doce personas en los que se distinguían tres curas, siendo uno de ellos el presbítero Antonio de Pereyra y Ruiz, oriundo de Tenerife, este había llegado a Arequipa desde Canarias junto al Obispo De La Encina el 10 de julio de 1810, el cura Pereyra tuvo gran actuación en Arequipa. Además lo acompañaban cuatro paisanos que al parecer eran comisionados por Arequipa para dar el debido resguardo a tan alta autoridad eclesial, el resto eran criados de los que destacaban dos negros que se encargaban de los arreos de la comitiva, se sumaba a la visita numeroso fieles de Tacna que tenían familias y propiedades en el puerto por lo que no se querían perder la visita del prelado a Arica, daba la impresión de una singular peregrinación de carretas y gente montada en mulas, burros y caballos. El señor Obispo montaba una vigorosa cabalgadura, mulo alto de color marrón con patas negras se notaba que la autoridad clerical había sido buen jinete en su juventud, controlaba con mano firme las riendas como de seguro lo hacia en su diócesis en momentos de agitación, era ferviente partidario del absolutismo Borbón representado por el rey Fernando VII, exalta su posición conservadora el juramento que impuso en toda su diócesis a los religiosos y que decía así:
"Juro a Dios, nuestro Señor, por estos Santos Evangelios, ser fiel a nuestro Soberano, el señor Fernando VII y sus legales sucesores... defender sus derechos, procurar, en cuanto esté de mi parte, que todos los defendamos y les guarden aquella fidelidad, amor y respeto que le son debidos. Juro, asimismo, preguntar a los penitentes, en el Santo Tribunal de la Penitencia, el partido que siguen, y si es de los infieles a la Corona, insurgentes o revolucionarios, suspenderles la absolución hasta que detesten su sistema, error u opinión. Si así lo hiciera Dios me ayude y al contrario, me lo demande.", sólo el capelo obispal lo distinguía en su dignidad, la sotana negra lucia cargada de polvo dando una sensación de desgaste en la zona de los hombros, no muy alto, algo grueso de contextura, de tez más bien morena no solamente tostada por el inclemente sol del desierto sino que delataba su origen canario, lucia algo cansado dando muestras del pesado viaje a través del desierto, la comitiva hizo un alto para arreglar sus vestidura y sacarse algo el polvo del camino y de este modo dar buena impresión a la expectante muchedumbre, una vez concluido los acicalares y habiéndose integrado los rezagados de la peregrinación, todos siguieron en caravana por el camino real que cruzaba entre el verdor de la gruesa y punzante grama costera de la parte más septentrional de la Chimba y los arenales de “Condori”, para luego atravesar la zona del Chinchorro, tal especial comitiva era refrescada por una fuerte brisa marina que barría el sector, la caravana sigue por el camino real que luego vadeaba el lecho seco del río “San José”, traspone las chacras de la Chimba donde algunos labriegos que por la naturaleza del trabajo agrícola sus amos no les habían permitido concurrir al lugar destinado para la recepción de la eclesial comitiva, pero estos al ver al Obispo y su séquito se descubrían de sus sombreros alones hechos de totora sobada, inclinaban su cerviz rodilla en suelo en respetuosas reverencias completadas con una ungida persignación la que era respondía por el Obispo con una cruz hecha al aire en señal de bendición, ingresa finalmente por los rancheríos de “La Lumbanga” [7] ,entrando para llegar a su destino por la calle del “Fuerte”, que daba directamente a la plaza. En las afuera de la iglesia Basílica de “San Marcos” donde lo esperaba la gran muchedumbre del pueblo ariqueño integrado por hispanos, mulatos, negros e indígenas, en el atrio estaban ubicadas las damas más distinguidas de esta comarca, acompañadas de sus criadas como lo indicaba la costumbre, ahí estaban también “fabriqueros”, “mayordomos”, “alférez”, “rezadores”, y “cantores”, de los distintos templos de la vicaría que asistían a tan importante evento.
El 12 de octubre de ese año de 1814 fue de gran regocijó para los ariqueños y para los habitantes de los valles de alrededor, como de las nutridas delegaciones de las doctrinas de Codpa y Belén. Las damas del pueblo sacaron sus mejores pero sobrios vestidos, de color negro o de tonos grises como exigía la ocasión, se tocaron con finas mantillas tejidas con gran arte y delicadeza por sus propias manos o de alguna talentosa criada, cubrían con elegancia sus cabelleras y parte del rostro dejando voluntariamente desnuda una parte de su tez morena que lucían con un dejo de coquetería, al mejor estilo de las “tapadas” de Lima, los varones exhibieron sus mejores galas, los niños jugueteaban entre las rejas y muretes del atrio de la iglesia Mayor como solía llamársele a la Basílica, al presentarse la comitiva ya avanzada la tarde en el espacio baldío de la plaza se echan las campanas al vuelo y en forma instintiva y con gran respeto se abre una avenida formada espontáneamente entre la Muchedumbre, el Obispo De la Encina que había desmontado de su cabalgadura encabeza la comitiva impartiendo las respectivas bendiciones, algunos pasos más atrás el subdelegado coronel Francisco Suero y demás autoridades civiles y eclesiásticas, los feligreses responden persignándose, los varones inclinan sus cabezas y ponen rodilla en el suelo, las damas cubren completamente sus rostros con sus mantillas, se produce un respetuoso silencio, ingresa al templo la comitiva seguida de toda la concurrencia en espontanea procesión, entre los que se contaban además de los feligreses de San Marcos de Arica, los de las capillas de Lluta, San Miguel de Azapa, de la Doctrina de Codpa y de Belén, todos los presentes con la mayor unción en su espíritus se aprestan para celebrar la Santa Misa consagrada por la más alta autoridad de la diócesis, las autoridades religiosas tomaron sus lugares en el presbiterio de la iglesia, las autoridades palatinas del Partido de Arica, el Subdelegado, los dos Jueces Ordinarios, el Alférez Real, el Alcalde primero y el Alcalde Segundo, los Regidores, ocuparon los lugares reservados con asiento con cojín según lo indicaban las ordenanzas, cerca del altar mayor se constituyo un verdadero cabildo eclesiástico, el resto del pueblo fue ocupando las bancas dispuestas a lo largo de las tres naves que componían la Basílica, las distintas cofradías se ubicaron frente a cada capilla de su devoción, como la de Nuestra Señora del Rosario [8] era una cofradía de muchas gracias, se veían también la cofradía de San José que ocupaba lugar frente a la segunda capilla donde se veneraba la imagen de este santo traída de la ermita que había tenido junto al río del mismo nombre que cruza la ciudad, esta imagen había sido donada por don Manuel Rodríguez [9] el año 1663, a continuación se encontraba la capilla dedicada a la Agonías del Salvador, seguida por el Bautisterio, en la otra nave estaba la capilla de Animas, la capilla de nuestra Señora de Copacabana de mucha devoción de los “Trajineros”, la capilla de Santa Rosa de Lima, y la capilla de la Concepción cuya cofradía por ser la más antigua y mejor dotada estaba a cargo del oficio, aportaba con el coro, las ocho capillas y siete sacristía que poseía la Basílica tenían sus alfajarías y tablazón hechos de ricas maderas traídas del norte muy bien barnizadas. Después de unos minutos en que se conservo respetuoso silencio, el que sólo era interrumpido por algún esporádico murmullo de alguna oración de algún devoto feligrés o simplemente de un indeterminado comentario, apárese el señor Obispo De la Encina por una puerta lateral del corro de la iglesia, iba vestido con una elegante y suntuosa casulla bordada en hilos de oro y plata, casi cubriendo su sotana negra se veía la parte inferior de su alba con un hermoso tejido de encaje hecho por las monjas de Santa Catalina, iba calzado con zapatillas episcopales de seda, las que tenían una cruz bordada sobre el empeine, tocado con su mitra, completaba su vestimenta sacramental una estola bordada en hilos de oro y plata en las que se destacaban las insignias de su obispado, báculo pastoral en mano avanzaba a paso lento como midiendo las varas que le faltaban para tomar ubicación en el altar mayor lo seguían dos curas vestidos en forma más sencillas pero de excelente factura, vestimentas hechas por las monjas de Santa Catalina del convento de Arequipa, según sé decía, un metro delante del Obispo dos acólitos le abrían paso, uno iba batiendo el incensario al paso del Obispo y para purificación del altar y el otro portaba dos ciriales de plata, la impresión que causaba entre los feligreses no se iba ha borrar por mucho tiempo de las mentes de los sencillos habitantes de estas tierras, que estaban acostumbrados a la majestuosidad de su templo pero no ha tan excelsa ceremonia, el obispo De la Encina sabía darle boato a las ceremonias, a él le había correspondido la oración fúnebre del rey Carlos III en España antes de pasar a América. El coro de mulatos y “morenos” de la cofradía de la Inmaculada Concepción al ingresar el Obispo al templo para celebrar la misa inició sus cantos sacros en latín con el “Espíritu Santo”, de seguro que no entendían lo que decían pero la interpretación era muy agradable al oído, en especial por las virtudes que tienen los de esa raza para el arte del canto, “el altar mayor lucia sus tres ternos de colgaduras de Damasco con cenefas de flecaduras de seda; los ornamentos ricos de tezú y brocado, la ropa blanca corresponde en sus encajes y trencillas a la magnificencia del culto” [10] , la calidad y mantención de los ornamentos de la Basílica demostraban el trabajo y dedicación de “fabriqueros” quienes testimoniaban así su preocupación por cumplir bien con su trabajo de administración del templo y los “Mayordomos” que no eran menos en sus responsabilidad en el cuidado de los santos y sus ornamentos, ya que a pesar de la antigüedad de los atavíos y de los eventos telúricos vividos, estos se encontraban en perfectas condiciones.
Más concluido el acto litúrgico los feligreses partieron a sus hogares en una actitud de recogimiento y de gran contrición cuando ya caían las primeras horas de la noche de ese memorable 12 de octubre día muy especial para los devotos ariqueños, de apoco se empiezan a ver las pequeñas luces de candelas, faroles o linternas de cebo de cabra que portaban los penitentes, dando la impresión de un desfile de luciérnagas. El Obispo se retiro al convento de San Francisco ubicado a una cuadra de la iglesia Mayor allí fue su hogar mientras duró su permanencia en la ciudad, el trabajo pastoral entre el 13 y 25 de ese mes fue muy arduo llegando a administrar la confirmación a 1.338 feligreses, el 26 una gran comitiva despide a su pastor que lo ven alejarse causándoles tristeza pero queda en la comunidad una gran tranquilidad espiritual ya que todas las expectativas de la visita episcopal se habían cumplido, a lo menos por el momento, la grey había quedado con su espíritu quieto y la mayoría renovaba su fidelidad al Rey, y a la religión como señalaba la exigencia, el pastor no volverá por estos pagos ya que fallecería dos años más tarde, en 1816.
El gran acontecimiento de la visita pastoral quedaría en la memoria de los habitantes de esta zona por largos años, siendo trasmitido en muchas familias de generación en generación.
Los meses finales de 1814 estarían marcados nuevamente por las inquietudes revolucionarias, en especial por un movimiento que tuvo un alto componente de sublevación de los pueblos originarios que se mezclaron con la revolución criolla de la emancipación americana y que tuvo repercusiones en la mayoría de las comunidades precordilleranas y cordilleranas de Arica esta efervescencia revolucionaria corrió desde Arequipa a Tarapacá.
Estalla la revolución en el Cuzco el 2 de agosto de 1814, logrando los sublevados dominar a las autoridades realistas y a las tropas acantonadas en esa plaza, al día siguiente se instaura una Junta de Gobierno formada por Matheo García Pumacahua5, el teniente coronel Juan Moscoso y el coronel Domingo Astete, con la tradicional declaración de fidelidad al Rey Fernando VII en el juramento se da por cumplidas las formalidades, los revolucionarios concibieron un plan para sublevar los Andes Centrales con tres expediciones, una de las expediciones fue planificada para ocupar el Alto Perú por lo que debían operacionar en Puno y La Paz cortando con esto las conexiones con el Bajo Perú y entrar en contacto con los revolucionarios argentinos del general Manuel Belgrano y luego con José Ramón Rondeau, esta expedición iba al mando del coronel José Pinelo y del cura Ildefonso Muñecas; la segunda expedición debía operar sobre Huamanga con el fin de dominar la sierra central y zonas próximas a Lima correspondiéndole el mando de esta al Brigadier José Béjar y a Marino Angulo y la tercera expedición al mando de Matheo Pumacahua y de Vicente Angulo la que debería dominar Arequipa y la precordillera desde esta ciudad hasta Tarapacá para cortar los suministros que pudiesen llegar al Alto Perú desde los puertos de Quilca, Ilo y Arica.
Pumacahua ingresaba a Arequipa el 12 de Noviembre, la victoria llenó de jubilo a muchos patriotas pero causo pánico en innumerables pueblos de la Intendencia y personas aun fieles a la autoridad del Rey, la noticia corrió como reguero de pólvora. La caída de Arequipa en manos de Pumacahua encontró al obispo De la Encina en el pueblo de Moquegua de regreso de su visita pastoral a Arica; "Lleno de fuego por amor a sus ovejas, escribió el Obispo desde Moquegua, a los caudillos (patriotas), intercediendo y pidiendo se templase su furor; y seguramente fue atendida su súplica, en parte, pues no cayó mayor estrago en la ciudad".6
Los partidarios de la revolución enviaron emisarios a lo largo y ancho de los distintos partidos que formaban la Intendencia de Arequipa, es así como uno de los que recoge este llamado libertario es Mariano Melgar Valdivieso, poeta Arequipeño de trágico fin al ser derrotadas las huestes cuzqueñas en Huamachiri, Melgar parte de Chuquibamba con una columna para incorporase a las fuerzas que acaudilla Pumacahua asume la responsabilidad de Auditor de Guerra, el llamado fue recibido en los diversos pueblos de la Intendencia con distintos grados de entusiasmo, en Locumba lo recogieron los hermanos Rospigliosi y Juan Castañon, en Tacna, Gómez y Vergara, en las desérticas tierras del Tamarugal recogieron este llamado los trapaqueños José Choquehuanca y Antonio Peñaranda quienes ya tenían contacto con los revolucionarios argentinos que incursionaban en el Alto Perú, sostienen contacto con los jefes guerrilleros Warners, Camargo y Padilla quienes mantienen la llama revolucionaria después de la derrota de Belgrano, la misión encomendada fue la de provocar el levantamiento de los pueblos precordilleranos desde Moquegua a Tarapacá, poniéndose los conjurados en marcha a mediados de octubre de 1814 con los objetivos señalados.
Peñaranda y Choquehuanca comienzan la labor de sublevar los pueblos precordilleranos del Partido de Tarapacá y del Partido de Arica, además buscan el contacto con los conjurados de Locumba, Tacna y Putre. Parten a mediado del mes de octubre desde Tarapacá, de donde eran originarios, esta localidad tiene un gran atractivo está enclavada en un oasi de la quebrada del mismo nombre, es un lugar algo desolado de la Pampa del Tamarugal que por su ubicación había servido de lugar de descanso al conquistador Pedro de Valdivia siendo el lugar donde se le unieron tropas españolas venidas desde el Alto Perú en su paso por la conquista de Chile, a demás fue lugar de detención obligado de los Correos Reales. El poblado tiene un carácter muy español, organizado en torno a su plaza, ahí la construcción corrida de sus casas que en sus frentes tienen portales o corredores con pilares de madera que hacen de veredas, aun en el siglo XX se conservan restos de pisos empedrados que confluyen hacia el centro de la plaza. A un costado de esta, se encuentra la iglesia donde es venerado como patrono San Lorenzo, este santo es de gran devoción de los mineros de la pampa, más atrás de esta edificación se encuentran las ruinas del convento que según lugareños data de antes de la expulsión de los jesuitas de los dominios españoles en 1767 por Carlos III.
Los primeros pasos de estos casi anónimos héroes de la emancipación americana fueron dirigidos al poblado de Pachica, siguiendo por Guaviña para alcanzar en una jornada hasta Chusmisa, este último lugar usado de antiguo como posta de refresco, se destaca por sus notables aguas termales y la existencia de animales que proveían carne y lana a los viajeros, esta primera jornada no fue tan difícil por el lógico conocimiento y vinculaciones familiares que tenían en esos parajes, sin embargo su actuación siempre fue de mucha cautela para no abortar anticipadamente la misión encomendada, después de algunos días comienzan la jornada para llegar a Camiña, su derrotero los lleva al poblado de Jaina una hermosa localidad ubicado a unos 3.000 mts. sobre el nivel del mar, este poblado, como Tarapacá, también tiene una estructura básicamente hispana, sus casas confluyen a la plaza, su iglesia a un costado no muy grande pero de una hermosa hechura, su frontís esta compuesto por una entrada arqueada hecha de piedra sillar en la que ha ambos costado tiene talladas en piedra dos columnas adosadas al muro, estas en su parte media están divididas con un capitel que sostiene un dintel el que se unen con la arcada del umbral del portón, estas columnas terminan de la misma forma con un pequeño frontón ubicado en la parte media del dintel superior, esta figura tallada simula la entrada de una pequeña capilla con dos columnas adosada a sus costados, en el extremo del vértice que forma el ángulo de la techumbre sobre la figura descrita, una ventana tragaluz con su parte superior en forma de arcada de medio punto, en las bases de ambas columnas del portón principal hay unas figuras humanas en actitud de danzarines, el conjunto ornamental de la fachada de la iglesia es una muestra interesante de la arquitectura religiosa colonial andina, el techo con envigados de madera de roble seguramente traídas desde el reino de Chile o de Guayaquil, cubiertas con un enquinchado de caña y paja brava, (afines del siglo XX esto no existe, fue reemplazado en la década del 60 por planchas de fierro galvanizado acanalado) al costado izquierdo del templo esta el campanario también en una mezcla de cal y canto, coronado en su extremo con la misma clase de techo que el resto de la construcción, el portón es de madera de cactus trincada con corriones de cuero sin curtir (fue reemplazado por un portón de madera de pino), en Jaina, Choquehuanca y Peñaranda se entrevistaron con el cura Bruno Balcarcer de quien recibe el apoyo a favor del partido de la emancipación, cabe señalar que en el bajo clero la causa americana tuvo gran adhesión llegando muchas veces a sacrificios sublimen de estos religiosos por ver liberada su tierra natal o adoptiva en el caso de curas de origen español, esto a pesar de las fuertes presiones recibidas de la alta jerarquía eclesiástica y de muchos de sus pares, baste recordar el juramento que impuso al clero de la Diócesis de Arequipa el Obispo De la Encina.
Continuando su camino cruzan la quebrada de Aroma siguiendo a Soga y de este poblado se dirigen por el difícil camino a Camiña, llegando a estas tierras de cultivos de ajos zanahorias y cebollas en los primeros días de noviembre, el recibimiento de los forasteros en un comienzo tuvo la calidez del mundo andino además de no ser estos ajenos de la comunidad. El recorrido por tierras tarapaqueñas no había revestido grandes dificultades para los conjurados, los visitantes comienzan con su labor sondeando a los que consideraron mas afines a sus ideales sin embargo al trascender los objetivos se produce una frialdad en especial de los principales del pueblo haciendo recomendable su partida en busca de la importante Codpa, su propósito fue llegar a esta localidad para las fiestas patronales de San Martín de Tour, la ruta a Codpa los llevo a Caritaya y de ahí a Esquiña, esta localidad que tiene como santo patrono a San Pedro se encuentra en lo profundo de una quebrada, la entrada al poblado esta en lo alto de un gran precipicio casi cortado a pique en la que se a formado un estrecho camino de herradura de tiempos inmemoriales, con largos zigzagueantes trazos que provocan una lenta bajada y mas penosa subida, el pueblo se encuentra detrás de un cerro de baja altura en un llano, tiene la apariencia de un paraje de gran vegetación que por designios de una fuerza superior de la naturaleza se hubiese hundido en medio del desierto precordillerano, el conjunto de la plaza, la iglesia y el cementerio con alguna arboleda y matorrales, están próximos a un riachuelo de aguas muy cristalinas, llama la atención el color azuloso de las piedras lisas y enormes que lavan estas aguas cordilleranas, a diferencia de las piedras plomas y porosa de los valles cercanos, los esforzados patriotas se contactan con Elías Mamani y con Carlos Manzano hijos de este poblado, los que quedan encomendados de llevar comunicación al abogado arequipeño José Benito Laso quien se encontraba según parecía en las inmediaciones de La Paz, este patriota era antiguo conocido en estas tierras, ya se le conocía desde la sublevación de Paillardelle y se le sabía comprometido también en la expedición de Belgrano, este abogado y jefe militar era el encargado de coordinar los enlaces e informaciones entre los patriotas del sur del Bajo Perú con los expedicionarios argentinos y las huestes cuzqueñas, constituyéndose en la rebelión de Pumacahua en jefe militar y político del Ejército de Pinelo y Muñecas que en ese momento operaban entre Puno y La Paz.
Choquehuanca y Peñarandan continúan su peregrinaje patriótico desde Esquiña a Sucuna el 7 de noviembre con el fin de llegar a Codpa el 10 de ese mes, todo seguía marchando como se había dispuesto, la misión de sublevación de Codpa y Belén resultaba de gran importancia por ser las dos comarcas precordilleranas más densamente pobladas de este sector sur del partido de Arica. El éxito de involucrar en la revolución a la población de Codpa significaba hacer mucho más fácil el contacto con los tacneños y moqueguanos y así pronto estar en las condiciones de generar un levantamiento generalizado de la precordillera desde Arequipa a Tarapacá.
El día 9 de noviembre de 1814 entran al valle de Codpa por Guañacagua, esta es una localidad que se ubica a unas tres leguas aguas arriba del poblado de Codpa, en la localidad de Guñacagua hay un templo de excelente factura construido en piedra sillar blanca con un hermoso campanario en un excelente estilo del barroco andino colonial, este templo esta consagrado a San Pedro, también en este templo hay una imagen venerada de santa Rosa de Lima, patrona de América, en este lugar los conjurados encontraron sólo a unos jóvenes pastores, el restos de los habitantes del pueblo ya había bajado para participar de las fiestas de San Martín de Tours.
Llegan al poblado de Codpa al anochecer del 10 de noviembre, en la víspera de la fiesta patronal que es cuando se hacían las ceremonias de vigilia, la que consistía en la preparación de las “estaciones”, lugar frente al hogar de las familias codpeñas donde sería detenida la procesión del día siguiente para pedir al santo con preces y cánticos prosperidad y buen año y para agradecer los favores concedidos en años anteriores, las estaciones variaban de 12 a 14, una familia no podía postular a más de dos años consecutivos a este privilegio, en las “estaciones” determinadas para la procesión del año cada familia a la que pertenecía el solar donde se detendría el santo ofrecía en la vísperas a los romeros los mejores mostos de su producción de vino “Pintatani” y los productos de sus chacras con el objetivo que estos aprobaran la calidad de las ofrendas que le serían dadas al santo patrono al día siguiente y de esta forma asegurar que serían bien recibidas y con ello asegurar los dones para las buenas cosechas del año siguiente. Siempre variaba el recorrido de la procesión la que se iniciaba en el templo, continuaba por la plaza, para seguir según la ruta trazada por el párroco previamente en acuerdo con el alférez y los mayordomos, concluía la procesión con la ceremonia de la guarda del santo en su altar, el que tenía un hermoso retablo de plata, este templo se enorgullecía por la importante cantidad de objetos de culto hechos en fina plata por los mejores orfebres de Postosís, los que eran expuestos a la grey cada año en las fiestas de San Martín.
En este ambiente Peñaranda y Choquehuanca se mezclan entre las gentes y comienzan su labor tomando contacto con sus conocidos, ahí están los Zavalas, Monzones, Perea, Carbajal, Básquez, etc. Entre fiesta y fiesta logran comunicarse con el cura Josseph Cayetano Texeda de quien esperaban tener la misma recepción que la obtenida del cura Balcarce de Jaina, sin embargo en esta oportunidad les fue totalmente adversa la recepción ya que Texeda mantenía su alta fidelidad al Obispo De la Encina y por consecuencia se mantenía fiel al juramento verificado hacía poco menos de un mes en Arica, además entre la gente de este valle aún estaba fresca en la memoria los horrores vividos con la sublevación de Tupac-Amaru, entre los que se contaban los descendiente del cacique Felipe Cañipa quien había sido desollado en la plaza pública por mantenerse fiel al Rey y a la fe cristiana, también familias originarias indígenas como Quispe, Caqueo, Huanca, etc. se oponían a cualquier alteración del orden colonial establecido. Al siguiente día tienen la infausta noticia de la derrota de las fuerzas patriotas de Angulo y Muñecas en Chacaltaya ocurrida el 2 de noviembre a causa del Teniente General realista Juan Ramírez de Orozco, quien con esta acción recupera La Paz y Puno nuevamente para el Rey, con todo estos sucesos los conjurados deciden emprender la marcha antes que se pusiese en peligro su misión y fuesen arrestados por agentes de las autoridades del Partido de Arica quienes estaban alertado de las actividades de los patriotas de todo el Partido, no alcanzando a participar en la “Tinca” [13] .
La salida de Codpa casi constituida en fuga no amilanó a los dos patriotas quienes siguieron rumbo a Belén, pasando por Timar, Ticnamar, en Belén esperaban tomar contacto con el coronel José Benito Laso, y además entrar en contacto con los conjurados de Tacna y Moquegua, al paso por Guañacagua se hacen de dos buenas cabalgaduras que les permiten efectuar en mejor forma el viaje por los difíciles caminos de herradura de este sector cordillerano.
Los rebeldes tarapaqueños después de cruzar la quebrada de Ipilla enfrentan la pampa de Oxaya, una gran llanura que es la base del cerro “Del Marqués” para luego enfrentar la quebrada de Oxa por donde entran a Ticnamar, esta depresión geográfica con abundantes cultivos de alfalfa, vertientes que generan cúmulos de chilcas y otras malezas típicas de estos parajes, después de una larga y lenta jornada por el lecho guijarroso del río llegaron a Ticnamar, este pueblo era sólo de dos calles pero su gente de mucho espíritu acogedor con los forasteros, con su sentido de la hospitalidad los ticnameños reciben a los viajeros brindándoles las atenciones necesarios para que repongan su humanidad ya algo desgastada por el largo viaje emprendido desde medidos del mes de octubre del histórico año de 1814 a través de los derroteros de los contrafuertes y pampas cordilleranas para encender la llama de la libertad. Esta zona fue muy preciada por los bandos en disputa por la riqueza en ganado vacuno y ganado menor el que competía con los mejores de Putre.