Arica a Caballo
(Cabalgatas Turísticas y de Aventura)
Renato Aguirre Bianchi
Casilla 651, Arica, Chile
El clima de Arica bastaría para hacerla un lugar privilegiado para la equitación, pero además está su extensa playa Las Machas, sus hermosos valles de Azapa y Lluta, los cerros y pampas vecinos y la maravilla geológica y de remanentes de culturas prehispánicas de la precordillera.
No se necesita ser un equitador experto para disfrutar de una manera tan singular los paisajes ariqueños. Ya hay una empresa local que ofrece todo tipo de alternativas, desde un simple paseo por la playa hasta esforzadas cabalgatas serranas (fono: 09 638 1417), en caballos dóciles o acostumbrados a la sierra. Me consta porque dicha gestión nace del interés que han despertado las cabalgatas que hemos disfrutado con mis amigos, algunos de los cuales implementaron la oferta turística. He cabalgado, con ellos o con mi familia, todos los circuitos que se ofrecen y creo que va en beneficio del turismo ariqueño exponerlos someramente. Debo aclarar que no tengo intereses financieros en la explotación turística de nuestros animales y de las rutas que hemos explorado.
Las cabalgatas “a Codpa vía Carza” y “a Las Peñas y Livilcar” son secciones de mi libro “
Arica, Territorio Andino” y debe estar conectado a la red para accesarlas directamente o, si dispone del CD, las encontrará en la sección “Visones de la Arica Profunda”, capítulos “Codpa” y “Livilcar”. Algunas de las rutas que hemos recorrido al sur del valle de Lluta se muestran en la siguiente imagen:
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Resumen de algunas cabalgatas. La línea roja es la Carretera Panamericana y sirve como referencia. En color verde figuran las rutas “Uniendo a Azapa con Lluta”, “a Las peñas y Livilcar” y desde Arica a la aguada de Palo de Gringo en la quebrada Las Higueras. En amarillo, la ruta “a Codpa por el Valle”, la que empalma con y continúa por el tramo distal de la ruta azul. Los pequeños íconos blancos con una P roja en el centro indentifican a sitios con petroglifos.
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Los caballos aparecen en mis recorridos por la sierra el año 2000, cuando mi amigo Carlos Requena, hoy involucrado con la empresa de turismo mencionada, decide recorrer la ruta caravanera entre Arica y Codpa, intensamente transitada hasta hace unos 30 años. Fue una difícil gestión conseguir a los caballos apropiados, a un grupo de jinetes dispuesto a explorar rutas desconocidas, a un guía conocedor de las rutas y todo el apoyo logístico, pero resultó una aventura inolvidable que no hemos cesado de repetir, posteriormente incorporando niños, damas que nunca antes habían montado, extranjeros y a otras personas atraídas por la aventura o el placer de cabalgar. Inevitablemente, empezamos a explorar otras rutas y nos faltará vida para recorrerlas todas, pues el tránsito de auquénidos y caballares desde el altiplano y la parte alta de nuestros valles y de un valle a otro era muy intenso antes de que existieran las carreteras y aún mucho antes de que se descubriera a América. Hay miles de años de historia involucrados.
Creo que nuestros animales han disfrutado de las aventuras y por cierto han evolucionado. Tras un par de cabalgatas serranas, un potro flojo y dócil pasó a ser el líder de la tropa, siendo el único que se atrevía a pasar por tramos difíciles, dando un ejemplo para que los otros animales se atrevieran a seguirlo. Lo llamábamos el “Nunca Galopo”, pero a los pocos meses ya lo hacía con entusiasmo y disciplina y lo renombramos “Caballero”. Otro potro muy antipático se apaciguó al caparlo y con él viajé decenas de horas en buena armonía, pero terceros lo malcriaron y ya no forma parte de nuestra tropa. Algunos han muerto en sus lugares de reposo y otros animales llegaron, algunos muy poco domados que se hicieron amistosos y dóciles a través del cariño que reciben. Una yegua resultó muy débil para la sierra; una inmensa mole de tiro nos sorprendió al aprender con facilidad y entusiasmo a ser animal de monta, y un caballo de aspecto debilucho ha demostrado un genio confiable, una intrínseca capacidad para encontrar el sendero apropiado y entusiasmo por dejar bien puesto a su jinete de una manera que no calza con su físico. La más dulce de nuestras yeguas llegó preñada. Luego compramos otra que tenía mala fama y botaba a sus jinetes, pero con nosotros se hace cada vez más dulce. La faena de incorporar nuevos animales nos ha obligado a aprender tanto o más de lo que ellos aprenden, y aún nadie ha tenido un accidente. Los animales difíciles los montamos nosotros para asegurarnos que aprendan a responder a los mismos estímulos, y no tardan en adquirir buenas costumbres. No hay nada más fácil que malcriar a un caballo si no se piensa como ellos y reciben castigos u órdenes contradictorias...
Los equinos tienen un encéfalo muy pequeño, no apto para pensar sino diseñado para manejar la compleja armonía de sus poderosos músculos, albergar instintos derivados de su condición de animales de fácil presa para sus depredadores y una extraordinaria memoria para aprender a reaccionar según el estímulo. Hemos investigado la psicología del equino (etología cuando se trata de animales) y, convencidos de que los caballos no son para nada inteligentes pero sí tienen una fabulosa memoria que les permite aprender actitudes en función del adiestramiento, hemos llegado a la hoy en boga conclusión de que sólo hay cuatro instancias que autorizan a castigarlos: nunca, nunca, nunca e inmediatamente después de que me muerde (pero no después de dos segundos del evento y con una fuerte patada o puñetazo en la nariz). Esta excepción se justifica sólo porque el animal no debe invardir mi espacio. En el mismo ámbito, jamás permito que el caballo rasque su cabeza contra mi cuerpo: si intenta hacerlo se lo impido con los huesos de mi antebrazo para que sepa que hay una barrera infranqueable, pero eso no es un castigo, sino una firme barrera.
A los caballos les gusta que les haga cariño su jinete habitual. Antes o después de montar a mi yegua, o en cualquier momento que estoy cerca de ella, le acaricio la tuza, la frente debajo de la chasquilla, las depresiones que existen encima de los hojos, el tronco, etc. Después de un tiempo me permitió acariciarle las orejas y abrazarle la cabeza. Al mismo tiempo le hablo con dulzura y le susurro palabras dulces en sus orejas. Siempre le hablo y la acaricio cuando cabalgamos, para premiarla por un buen esfuerzo. Otras veces uso un tono de voz más enérgico cuando quiero que me obedezca, pero nunca la reto, pues no entendería mi intención y sólo empeoraría su conducta. Nunca deje de hablarle de vez en cuando.
Esta estrecha y amistosa relación con nuestros animales nos ha revelado las mañas de cada uno de ellos y hemos podido corregirlas. El mismo animal que parece espectacularmente brioso cuando se lo pide un jinete apropiado, lo montaba con toda tranquilidad mi nieto cuando aún no alcanzaba los estribos.
Muchos de mis amigos montan en forma intuitiva, otros a lo huaso, pocos con la formalidad inglesa y uno de los hijos de Carlos monta en pelo de mananera admirable al animal que sea, pero todos, humanos y equinos, forman una unidad armónica durante las cabalgatas bajo el liderazgo de Carlos.
Tal vez me extendí demasiado en esto de la relación caballo-jinete, pero quise explicar que cada caballo necesita a un jinete apropiado para que la equitación sea placentera y segura. Las pobres bestias depresivas que hemos montado en elegantes centros turísticos nacionales y extranjeros nos dieron una pena enorme, así como las aterradas bestias de algunos jóvenes azapeños que buscan la espectacularidad, pero de ellas y de otros sofisticados caballos de centros ecuestres aprendimos que la equitación es un equilibrio entre lo que se le ha enseñado al animal y lo que puede hacer de él el jinete. Aunque algunos tienen una inmensa tolerancia a las torpezas del jinete, no todos pueden ser montados por cualquiera. Cada cual con quien le corresponde y con respeto al animal...
Pero no todo es aventura. Si se dispone de buenos caballos bien acondicionados, cortos paseos por la periferia de la ciudad nos permitieron empezar a compartir con amigos y familiares la hermosa interacción de los humanos con los equinos y a mirar a Arica con otros ojos hasta que Carlos, movido por su amor a Arica más que por los modestos beneficios financieros, hizo que nuestros animales empezaran a servir a Arica aportando una gestión turística muy difícil de implementar. Y también a servir a nuestras familias y amistades, cuyos niños y jóvenes han aprendido o están aprendiendo a montar, y lo hacen en un entorno de excepcional belleza.
Nadie de nuestro grupo pretende ser maestro de equitación, pero sí nos entusiasma el tema y queremos compartir lo que vamos aprendiendo. Iremos agregando páginas a medida que creamos que los nuevos circuitos están bien implementados y también temas referentes a la equitación en general, a medida que los maduremos. El objetivo es estimular la equitación en Arica y además creo que no sería justo si esta dimensión de las posibilidades turísticas de nuestra ciudad no se expusiera al público.
Nota final para agradecer a Arica. Por ahora, mi pasión vuelve a ser la equitación tras haberla dejado de lado por un par de decenios. Pero he compartido intensamente otras pasiones deportivas con quienes quiero y con mis amigos. Arica, su territorio adyacente, su mar, sus pampas, valles y sierras y las aventuras que tan fácilmente se implementan, no sólo me han permitido realizarme fuera del ámbito profesional, sino compartir puras e indelebles relaciones con mi familia nuclear: nadando o buceando; navegando botes, zodiacs, windsurfers y yates; volando avionetas; atravesando pampas en motocicletas e impresionantes sierras a pie o en vehículos, o simplemente acampando en el litoral o en la sierra y durante muchas otras gestiones, no sólo he aprendido a ser persona sino que hemos podido compartir como familia momentos inolvidables. Si me hubiera quedado en Santiago, no sería más que un cirujano adinerado pero opaco ante mi familia y mi propio yo.
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Cuando era paracaidista, era inevitable que me aislara de la familia. Los caballos, en cambio, han contribuido fuertemente a unirnos, y no sólo durante las cabalgatas. Basta un simple domingo para compartir lindos momentos en mi jardín.
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Galopar en armonía con quien se quiere es una intensa experiencia lúdica, ¿podría generar momentos como éste, cuando y como quisiera y sin grandes preparativos si fuera “chileno” (santiaguino)?.
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Mi hija menor (aún con su uniforme escolar) y mi nieto Israel: En cuanto podían corrían a nuestra casa para interactuar con Sansón, un pony de mal genio. Fotos del 2001; escenas de todos los días. ¡Cuántas vivencias acumuladas desde entonces!
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Sin descuidar lo profesional (muy por el contrario), Chile ofrece al provinciano un extenso ámbito para el desarrollo personal. No es mi intención vanagloriarme de lo obtenido por haber elegido a tiempo ser “ariqueño” más que “chileno” (santiaguino), sino transmitir el siguiente mensaje: ya con más de 60 años, debiera sentirme viejo, pero gracias a Arica me faltará vida para disfrutar los inumerables proyectos no financieros que me tientan. En otras palabras, si su vida es monótona y asfixiante, le ofrezco parte de mi tiempo para que en Arica compruebe que hay mejores alternativas. Para eso, Arica es insuperable, aunque muchos ariqueños no lo sepan...
Arica, octubre del 2005