En el ya citado libro “Chile o Una Loca Geografía” escrito en 1940, Benjamín Subercaseaux dice:
“Las provincias del norte, que encierran la raza más honesta y fuerte, que han dado el máximum de riqueza a Chile, viven descuidadas y entregadas a la indiferencia gubernativa, que parece no comprender que de ahí vendrá la salvación racial de Chile”. Una vez más, me admira que sus ideas sean enteramente aplicables al siglo XXI.
En cuanto a Arica, agrega: “...es la ciudad donde todo el mundo pasa y nadie se queda”.
Más de 30 años después, me decían que podía “perderme enterrándome en Arica”. Lo de Subercaseaux me hizo pensar cuán enriquecedora podría ser mi vida si me decidía por la aventura de buscar mi identidad en un territorio con tanto potencial cultural. La porfía de los pocos genes vascos que me condicionan me estimuló a emularlo, pero quedándome en Arica y haciendo de ella el centro de mi atención y la víctima o beneficiaria de mi gestión. Para eso, debía quedarme en Arica. Han pasado más de 35 años y aún pienso que no me equivoqué...