Sarmiento y las consecuencias de la expedición de Drake en nuestras costas
Ya en Norteamérica tras saquear nuestras costas por menos de seis meses, cuando
Francis Drake decide no retornar a Inglaterra por el Estrecho de Magallanes por donde entró a nuestras aguas y aventurarse a dar la vuelta al mundo, no estaba equivocado. El virrey Toledo había enviado a otro personaje fascinante, Pedro
Sarmiento de Gamboa, a tratar de capturarlo, obviamente sin éxito.
Don Pedro tenía unos 10 años más que Drake y protagonizó varias gestiones extraordinarias. Antes de ser marino estudió matemáticas, astronomía-astrología, cartografía y Latín. Eran días en que no convenía saber mucho, pues la iglesia católica era "dueña" del conocimiento, absurdamente arcaico aún por esos años. Vendía amuletos con inscripciones cabalísticas y cometió el horrendo pecado de afirmar que, cuando era mediodía en Lima, en España era de noche, herejías por las cuales la Inquisición le hizo uno de sus tristemente célebres juicios. Afortunadamente no lo quemaron vivo, pues hizo mucho por España.
Sarmiento pudo haber sido el responsable de la idea de "poner candados al Océano Pacífico", usando la expresión de Pablo Neruda. En ese intento protagoniza una de las más formidables y tristes historias del virreinato del Perú en tierras vinculadas con el Chile del Sur. Su idea, absolutamente lógica para evitar que otros siguieran el ejemplo de Drake, era poner "el candado" en el Estrecho de Magallanes. Una primera exploración de éste la inició desde el Callao a fines de 1579, cuando Drake ya estaba muy lejos al norte, y de allí partió a España —siendo el primero en cruzar el Estrecho desde el Pacífico al Atlántico— a presentar al Rey su idea de colonizar el Estrecho.
En ese momento comienza la trama de su desgracia. Los ingenuos expertos militares del reino idean una barrera flotante de madera y hierro que atravesaría el Estrecho en la primera angostura. Habiéndosele impuesto como responsable del viaje a un sujeto de dudosas capacidades, pese a sus protestas, Sarmiento se limita a elegir cuidadosamente a los 350 colonos que instalaría en esas inhóspitas tierras. Muchos viajaron con sus familias, incluyendo 28 niños. Una vez instalados en el Estrecho, recién Sarmiento tomaría el mando.
La expedición colonizadora partió de España en 1581. Eran 23 barcos y unas 2-3.000 personas, pues además de los colonos estaban los tripulantes, 600 soldados que España enviaba al Chile central para reforzar la guerra con los araucanos y los militares que resguardarían el Estrecho. Un temporal los devuelve a Cádiz y vuelven a partir dos meses después con 7 barcos menos. En Africa, buena parte de los pertrechos son utilizados para negociar cosas no útiles para su destino. Ya en Brasil habían perdido 350 personas y de allí al Río de la Plata los corsarios les dejan sólo ocho barcos, entre los cuales no estaba precisamente el buque almacén. Allí se baja el ejército que iba a Chile y la expedición más imponente que jamás había salido de España llega al Estrecho en 1583 con sólo cinco naves, sólo para volver a Río de Janeiro por los temporales. Sin el discutible jefe de la expedición, Sarmiento parte otra vez al Estrecho, donde llega en 1584 y tuvo la mala idea de fundar la Ciudad del Nombre de Jesús en la primera angostura, donde los abandonan todas las naves menos una, por lo demás despojada. Ciento setenta y siete soldados, 40 marinos, 58 colonos con 13 mujeres, 10 niños y dos frailes, se instalan allí. Pero Sarmiento se interesa por la segunda angostura, cerca de Punta Arenas, donde debió haberse instalado en primera instancia, y allí funda con sus magros recursos la ciudad del Rey don Felipe. Ataques de los indios, hambre, frío y sublevaciones le crean a Sarmiento tales problemas, que parte en su única embarcación a Brasil para conseguir ayuda, la que no llega pues los barcos naufragan. Desesperado, parte a España a conseguir más ayuda, lo capturan los corsarios ingleses, la reina Isabel I lo libera impresionada por sus conocimientos pero, al pasar por Francia, lo capturan los hugonotes (calvinistas en guerra con los católicos) y el rey de España debe negociar un rescate para liberarlo.
Nunca pudo enviar ayuda a sus colonos y desaparece de la historia. Cuando partió del Estrecho en 1584, en Nombre de Jesús había 193 personas. Tres años después pasa por allí la flota del segundo corsario que llegó a nuestras costas, el aristócrata Thomas
Cavendish. Sólo encuentran a 23 pobladores. Los invitan a bordo pero sólo Tomé Hernández acepta el rescate ofrecido y, mientras los demás deliberaban, Cavendish aprovecha un viento favorable y parte, dejando a los desconfiados colonos abandonados a su suerte. Tres días después Cavendish llega a la cuidad Rey don Felipe, donde sólo encuentra cadáveres, roba los cañones y la rebautiza como Port Famine. Esa es la increíble historia de lo que en Chile se llama Puerto Hambre.
Estoy seguro que
Pachakamaq está tras todo esto, furioso por lo que los hispánicos hicieron con el Mundo Andino...