Bernardo Arriaza, en su libro “Beyond Death, the Chinchorro Mummies of Ancient Chile”, presenta argumentos para establecer que los chinchorros eran sedentarios. Sin embargo, Santoro y Standen piensan que la evidencia regional sugiere “una vida más móvil con circuitos restringidos trashumánticos entre la costa... y quebradas interiores...”, destinada a complementar los recursos disponibles en la costa. Aunque a eso lo designemos como “casi-sedentaridad”, sigue teniendo una connotación notable por su precocidad y sigue sirviendo para argumentar que Arica fue un lugar de excepcionales bondades para el hombre arcaico, difícil de encontrar en el resto del planeta. 
 
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