Interacción étnica en Arica. Este fenómeno se observa tanto en el plano vertical (etnias altiplánicas y ariqueñas durante el Formativo, Fase Alto Ramírez, Cabuza, Señoríos Altiplánicos que nos administran representando a los incas, carangas de la Colonia) como en el horizontal (poblaciones costeras arcaicas provenientes del Perú, control ariqueño del Tiwanaku desde Moquegua) y también en una dimensión temporal. Nótese que Tiwanaku, Cabuza y Las Maytas persisten en el valle de Azapa, aunque muchos relegados a tierras más pobres, durante el inicio de la Cultura Arica en el Período Intermedio Tardío. (hasta los años 1270, 1225 y 1290 respectivamente). Lo mismo ocurre en este período, pues la tradición San Miguel (año 990 a 1360), siendo anterior a Gentilar (1150 a 1520) y Pocoma (1060 a 1360), se prolonga hasta hacerse contemporánea de éstas, a la vez que Charcollo, que aparece en el año 650 d.C., durante el Período Intermedio Medio, persiste en nuestra sierra hasta una etapa avanzada del Intermedio Tardío (1240). Cabuza, por ejemplo, se inicia a comienzos del siglo VI, pero sus restos más recientes en el valle de Azapa son del año 1240. 
 
Es por eso que no he querido describir el Intermedio Medio y el Intermedio Tardío en forma de secciones para cada ideal cultural, prefiriendo presentarlo en forma de un análisis que pretende integrarlas. Tal vez esto resulte poco enciclopédico, pero este libro no es un tratado de arqueología, sino un intento por explicar al ciudadano no iniciado lo que es Arica. 
 
Para enfatizar la complejidad de las relaciones étnicas, Espoueys me informó que el sector de Alto Ramírez había un túmulo funerario con entierros sobrelapados de la Fase Azapa (Formativo), Alto Ramírez (Intermedio Temprano), Cabuza (Intermedio Medio) e Inca (Tardío). Lo curioso es que hay un bache temporal, pues no hay entierros de la Cultura Arica del Intermedio Tardío: éstos se mantuvieron o fueron mantenidos fuera de ese lugar específico. 
 
La época dorada del “ariqueñismo” (incluyendo el territorio costero y valluno del sur del Perú) es la de la Cultura Arica del Intermedio Tardío, con antecedentes que remontan al Período Intermedio Medio a través de Las Maytas. Las características socio-políticas de la Cultura Arica se insertan en el fenómeno de los Señoríos Regionales que afectó al centro-oeste sudamericano tras el colapso del Tiwanaku. En este período se estableció una interacción complementaria, aunque seguramente tensa, entre los nuestros y los Reinos Aymaras altiplánicos, cuya “interfase” se concentró en nuestra sierra precordillerana, donde nacen nuestros valles y cursos de agua. Desde el sector de Zapahuira hasta el valle Camarones puede trazarse una línea casi recta donde se ubican poblados con estructuras defensivas y donde se encuentra cerámica “ariqueña” costera y de los niveles medios y bajos de nuestros valles (San Miguel, Pocoma y Gentilar), ariqueña serrana (Charcollo) y altiplánica (Chilpe). Estos son remanentes físicos de un intenso y enriquecedor intercambio economico-cultural. 
 
Posteriormente, nuestra identidad se “aymariza” a partir de mediados del siglo XV, cuando los incas dominan al espacio circuntitikaka. A diferencia del contexto etnocida de la ulterior conquista española, los incas dominan sin destruir completamente al mundo aymara. Los Reinos Aymaras occidentales adquieren privilegios para obtener recursos de la costa y valles del sur del Perú y norte de Chile. Si observa el mapa adjunto, verá que era lógico que los lupacas se encargaran del territorio desde Lluta al norte, los pacajes de Azapa y los carangas de Azapa y Camarones (mapa). Más al sur, los killakas se encargan de Pica y los Lipez se relacionan con los atacameños de San Pedro. Pero esta extrema abstracción no debe entenderse en los términos absolutos con que definimos hoy a las naciones, pues, aunque sea majadero, debo insistir en que la interacción multiétnica es de tal intensidad en nuestro “país” circuntitikaka, que no sólo involucra longitudes geográficas (verticales: este-oeste, altiplano-tierras bajas) sino que hay superposiciones en cuanto a latitudes (interacción horizontal, norte-sur), además de las ya descritas interposiciones temporales (de tiempo o épocas). Es así como Arica influye sobre Pica y a la vez hay alguna presencia killaka en Arica (cerámica Taltape) y los espacios ariqueños de los pacajes son, en algún momento, difícilmente separables del de los carangas, a la vez que Charcollo coexiste con otros estilos cerámicos. Más detalles en el capítulo dedicado a la Cultura Arica y la sección cerámica prehispánica
 
No es mi intención que el lector comprenda cabalmente el párrafo anterior, sino que incorpore el concepto que, contrario al espíritu de hegemonía racial que impregna al ethos chilensis y al implícito intento del gobierno militar de eliminar la idiosincrasia indígena de nuestra zona en aras de la doctrina de seguridad nacional, y más allá de su mediocridad urbana actual, Arica ha sido, es y seguirá siendo un enclave multiétnico que Chile no puede o no quiere aceptar. Por eso nos cuesta relacionarnos con el país al que hoy pertenecemos. 
 
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