Sexualidad maliciosa. No cabe duda que el Mundo Andino reverenció en forma no maliciosa a la sexualidad humana y animal. No hay mejores argumentos para demostrarlo que la rica cerámica mochica del norte del Perú y la ulterior Chimu, que no mostraré. Son manifestaciones naturales de una cultura donde lo normal no necesita esconderse. El culto al falo parece que fue introducido en Arica desde el altiplano por los cabuzas. Lo que un mojigato podría definir como “escandalosa” formación de Wak'ani en Ticnamar, donde nosotros fuimos sólo para hacer respetuosas ofrendas a los dioses andinos (foto), demuestra que el culto natural a la sexualidad trasciende hasta nuestros días, pese a la influencia de varios siglos de “modernidad”. Aún la iglesia católica de los tiempos coloniales tuvo que aceptar en sus resintos imágenes fálicas como las que se observan en Parinacota (foto1 foto2). 
 
La “maldad” asociada al sexo no proviene de lo andino, sino de lo caucásico. Una dramática prueba de esto son los murales de la iglesia de Parinacota: 
 
En el panel del “Juicio Final”, el arcángel San Miguel, pisoteando al dragón que representa a la maldad, sólo pone en su balanza a mujeres (desnudas) para ver si les permite subir las escaleras del cielo (foto). A la izquierda está la entrada al infierno, pero sólo las mujeres indígenas son dirigidas allí por los demonios, una arrastrada a la fuerza por los cabellos, otra en una denigrante actitud haciendo las veces de cabalgadura del agente demoníaco y otra con una sonrisa de oreja a oreja como si fuera entrando a un discoteque (foto). 
 
Lo anterior define una misoginia enfermante que, plasmada en un recinto sagrado, invita a imaginar las perturbadas fantasías de quien autorizó la obra, alguien cuya función precisa era catequizar a los “idólatras”. ¿Hubo pues mensajeros de la maldad disfrazados de “buenos” que impusieron “su verdad” a los indígenas, o éstos eran intrínsecamente “malos” y “pecadores”?. Guamán Poma de Ayala, en su mensaje al Rey Felipe III, identificó, paucis verbis, a quienes iniciaron la malicia sexual en nuestro Mundo Andino (foto) y sugiere que el cronista fray Martín de Murúa fue uno de ellos. 
 
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