Extracto parcial del artículo publicado por el Almirante L.G. Billings en el National Geographic Magazine en enero de 1915. 
 
En 1868 estaba destacado en el el U.S.S “Wateree”... una clase de buque construido al término de nuestra Guerra Civil para subir por los angostos y tortuosos ríos del sur. Tenía ruedas de propulsión en ambos extremos... lo que eventualmente salvó nuestras vidas.. 
 
“Era el 8 agosto de 1868, cuando cayó la calamidad sobre nosotros, como una tormenta a partir de un cielo despejado... 
 
“Estaba sentado en la cabina..., alrededor de las 4 de la tarde, cuando fuimos sorprendidos por un violento estremecimiento del buque, similar al efecto de soltar el ancla... Nuestra atención fue inmediatamente atraída por una gran nube de polvo que se aproximaba rápidamente desde el sudeste, mientras crecía en intensidad un terrible retumbo y ante nuestros aterrorizados ojos los cerros parecían cabecear, y el terreno oscilaba como las olas de un mar agitado. 
 
“La nube envolvió a Arica. Instantáneamente a través de su velo impenetrable se elevaron gritos de auxilio, el crujido de las casas derrumbándose y los miles de ruidos provenientes de una gran calamidad, mientras el buque era sacudido como si fuera empuñado por una mano gigantesca. Después pasó la nube. 
 
“..Donde antes había una próspera y alegre ciudad, bulliente de vida y actividad, contemplamos una masa de ruinas, apenas alguna casa en pie, ninguna perfecta. Las calles bloqueadas con escombros, a través de los cuales forcejeaban los menos heridos tratando de zafarse de los desdichados miserables aprisionados en las ruinas... mientras el aire era desgarrado con quejidos, gritos y pedidos de auxilio... El mar llegaba a la playa tan tranquilamente como antes... 
 
“...Para prepararse para lo peor, se lanzaron anclas adicionales, se cerraron las escotillas, se aseguraron los cañones. y se tendieron cuerdas de seguridad de proa a popa... 
 
“Mirando nuevamente hacia la costa, vimos a ilesos repletando la playa y el pequeño muelle, gritando a los buques que los ayudaran a desenterrar a sus seres queridos de las ruinas y los transportaran a la seguridad de los buques fondeados tan tranquilamente.... Se dieron órdenes para preparar una partida de desembarque de 40 hombres, debidamente equipados con herramientas. La ballenera, con una tripulación de 13 hombres, zarpó de inmediato... y desembarcó su tripulación, dejando solamente el acostumbrado hombre de guardia. 
 
“...[Apareció] un ronco murmullo... [y] con horror contemplamos que no había nadie en el muelle que antes estaba repleto de gente., todos devorados en un momento. Entre los despojos vimos la ballenera portando solamente al hombre de guardia, arrastrado por una irresistible marea hacia los faldeos del Morro, mientras el marinero luchaba contra la corriente. Encontrando que sus esfuerzos eran vanos... abandonó su inútil timón y, corriendo a proa, empuñó la bandera del bote y dio un último adiós a sus compañeros, mientras el bote desaparecía para siempre en la espuma de las crueles rocas de la orilla. De esta forma el “Wateree” perdió el único miembro de su tripulación de 235 hombres... 
 
“Pero nuestros problemas recién comenzaban. Fuimos sorprendidos por un terrible ruido en la costa, que duró varios minutos... La tierra oscilaba y... el mar descendió hasta que el buque encalló, mientras que hacia el lado del mar... vimos [su] fondo rocoso... con peces y monstruos de las profundidades que luchaban en seco. Los buques con fondo redondo se inclinaron, mientras que el “Wateree” descansaba tranquilamente sobre su casco plano. Cuando el mar retornó, no como una ola sino más bien como una gigantesca marea, volcando una y otra vez a nuestros desafortunados navíos acompañantes..., el “Wateree” se elevó tranquilamente sobre las agitadas aguas, ileso. 
 
“A partir de ese momento el mar pareció desafiar las leyes de la naturaleza. Las corrientes corrían en direcciones opuestas, y nosotros fuimos arrastrados hacia todos lados con una velocidad que no podríamos haber igualado...  a intervalos regulares retornaban los temblores, pero ninguno tan violento o largo como el primero. 
 
“En frente del Morro y a una corta distancia de él, se alza un islote algunos metros por sobre el agua, donde los peruanos habían excavado un fuerte en la roca sólida y habían montado dos cañones de 15 pulgadas, con una dotación de 100 hombres... Repentinamente lo vimos desaparecer bajo las olas. Se hundió o el agua se elevó, no lo podíamos decir. Solamente sabíamos que desapareció y cuando reapareció después de un rato..., no solamente había desaparecido la dotación, sino también los cañones y los carros (nota)... 
 
“Antes del terremoto Arica tenía una de las mejores y más modernas maestranzas entre El Callao y Valparaíso... Locomotoras, coches y muchas piezas fundidas de gran peso.. desapareció sin dejar un solo vestigio de ellas. 
 
“Había [ya] oscurecido.. Alrededor de las 8:30 PM, el vigía llegó al puente de mando e informó que se aproximaba una rompiente. Mirando hacia el mar, vimos primero una fina línea de luz fosforescente, que se vislumbraba cada vez más alta, hasta que parecía tocar el cielo... Anunciada mediante el atronador ruido de miles de rompientes combinadas, la espantosa ola estaba finalmente sobre nosotros... 
 
“Que el buque pudiera flotar a través de las masas de agua que se precipitaban sobre nosotros parecía imposible. Solamente podíamos agarrarnos de las líneas de seguridad y esperar la inminente catástrofe. 
 
“Con estrépito, nuestro gallardo buque fue inundado y sepultado bajo una semisólida masa de arena y agua. Estuvimos sumergidos sin aliento durante una eternidad. Luego, con cada parte del buque crujiendo, el leal y viejo “Wateree” salió a la superficie, con su tripulación aún agarrada a las líneas de seguridad... Nos pareció entonces un milagro... 
 
“Sin duda que nuestra salvación se debió al diseño del buque. El buque fue desplazado en forma rápida durante un tiempo, pero después de un rato el movimiento cesó y, bajando la linterna por el costado, nos encontramos en la costa... Olas más pequeñas se movieron a nuestro alrededor durante cierto tiempo y luego cesaron... 
 
“El sol matinal surgió sobre una escena de desolación rara vez contemplada. Nos encontramos en seco y en altura en una pequeña ensenada... Habíamos sido llevados unas 3 millas a lo largo de la costa y casi 2 millas tierra adentro (foto)... al pie de la cordillera de la costa... Nuestro navegante encontró las marcas del tsunami y, midiendo, determinó que se encontraban a 47 pies de altura, sin incluir la cresta... 
 
“Cerca de nosotros encontramos los restos de la gran barca inglesa “Chanacelia”, que tenía una de sus cadenas de ancla enrollada a su alrededor, tantas vueltas como su largo le permitió, mostrándonos que ella se había dado vueltas muchas veces. Un poco más cerca yacía el buque peruano “América”, desfondado (foto), y la arena se encontraba cubierta por una masa heterogénea de restos valiosos: grandes pianos, fardos de seda, toneles de brandy, muebles, ropas, cuchillería. 
 
“Los temblores continuaban a intervalos irregulares, pero ninguno tan violento o largo como el primero. Algunos de ellos, sin embargo, fueron lo suficientemente fuertes como para sacudir al “Wateree” sonando como una tetera vieja, y nos hizo abandonar el buque y acampar en una gran meseta, a unos 30 metros de altura... Encontramos en algunos sitios enormes fisuras, muchas de ellas de más de 30 metros de ancho y de profundidades desconocidas; otras eran simplemente grietas. Algunas de ellas se convirtieron en la tumba de los habitantes que arrancaban. Recuerdo... cuando encontramos el cuerpo de una dama sentada sobre su caballo, ambos tragados mientras arrancaban por sus vidas. En Arica sólo encontramos desolación y muerte. Donde una vez estuvo esta hermosa ciudad, se ofrecía a nuestra vista una planicie arenosa." 
 
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