Los locales le temen a Tojo-tojone, muy cerca de Belén. Me contaron de un arriero que desapareció allí con todas sus mulas. No he conseguido información precisa respecto a qué más temen los lugareños, pero se habla de fantasmas y del diablo. Un paciente de Lupica, un poblado cercano, estrechó mi mano cuando supo que yo solía dormir allí y me pidió que no lo volviera a hacer. Uno de los peligros sería la aparición de un niño llorando, que en realidad es un ente maligno. Una vez, volviendo ebrio de un fiesta en un poblado vecino, dos niñitos se le aparecieron y lo acompañaron sin hablarle y de pronto se encontró a muchos kilómetros de su destino, como si hubieran querido abducirlo. No es un relato absurdo si uno comprende la importancia de lo sobrenatural para los andinos. 
 
En Perú se teme dormir en el campo porque hay “pisthakos”, malvados que roban la grasa o “untu” del durmiente sin dejar marcas, o que lo decapitan para procesarlo mejor. Esa grasa la usan para templar campanas, el acero de sus machetes y cuchillos, o la venden a “gringos” para maquinaria y cosméticos. Las autoridades peruanas contemporáneas han debido desmentir públicamente la existencia de estos seres, señalando “que es pura falsedad”. En Bolivia el personaje se llama lik’isiri y tiene la habilidad para hacer dormir a las personas para robarles la grasa a través de largas incisiones que curan rápidamente. Aunque atacaba en el altiplano, se ha modernizado y se ha ido acercando a las ciudades y algunos venden la grasa a cirujanos plásticos para la remodelación de los glúteos. Un personaje similar es el k’arisiri
 
Hay un corto trecho bien conservado del Camino Inca (foto) frente a la gruta de la Virgen (foto). Hacia el sur hay una sinuosa bajada que conduce a Lupica y hacia el este, caminos misteriosos. En un viaje con compañeros dormilones, me levanté al alba y decidí explorar las colinas del este. Caminé una hora antes de llegar a una especie de amplia depresión entre las colinas y las montañas más lejanas, espantando algunas tarukas (huemul o cirvo andino) y soportando el alegato de varios guanacos. Encontré senderos, corrales pircados, aleros con señales de ocupación humana transitoria (paskana), momias de vizcacha (foto) y ningún dato para explicar tanto tráfico (¿de arrieros?) que debe haber habido hasta hace no mucho a juzgar por el hallazgo de un par de latas de conserva. 
 
Tojo (”t’uxu”) es cueva o alero. T’uxu-t’uxuni significa lugar de cuevas o aleros. El fonema “x” puede pronunciarse como “j” y puesto que “t’“ implica una T  glótica, la “u” y la “i” (ausentes en el alfabeto aymara según consenso) adquieren el carácter de alófonos que se pronuncian como “o” y “e” respectivamente y así resulta Tojo-tojone. 
 
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