William Miller era un soldado con honor, que se inició en las armas a los 15 años y es el fundador de la infantería de marina chilena. Combatió en el ejército de Wellington contra Napoleón en España y Francia, en Norteamérica durante la guerra de 1812 y luego en las guerras por la independencia de Argentina, Chile, Perú y Bolivia. 
 
Tras un breve período dedicado al comercio en Europa, en 1817 viaja a América atraído por las guerras. Se incorpora al Ejército de los Andes de San Martín y sirve como Mayor bajo San Martín y O’Higgins en las batallas de Cancha Rayada y Maipú. Luego de su gestión en la Expedición Libertadora, Bolívar lo puso al mando de un contingente de Caballería, al cual, por su desempeño en la batalla homónima, el libertador denominó “Húsares de Junín”. Aunque el mando dependía de Sucre, fue precisamente la decidida gestión de Miller el elemento decisivo en el triunfo de la Batalla de Ayacucho, la cual selló para siempre la Independencia del Perú y de nuestros otros países. 
 
Consolidada la independencia, ejerció cargos públicos hasta que después de 1836 entró en conflictos con el gobierno peruano por problemas del trato que se daba a los indígenas y se le privó del rango de Gran Mariscal del Perú. Tras un largo período en Inglaterra, vuelve al Perú en 1851, reasume su cargo en el ejército y muere a los 66 años, a pedido suyo a borde de un barco inglés anclado en Callao. 
 
Fue, en suma, uno de esos pocos hombres que la historia ha dejando con una imagen tan limpia que hace pensar que realmente fue un hombre bueno. 
 
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