Lord Thomas Cochrane. Nacido en Escocia e hijo del arruinado Conde de Dundonald, Lord Cochrane se inició en la marina a los 17 años y nueve años después había conseguido gloria y el grado de capitán. De carácter fuerte y violento pero siempre mostrando preocupación y respeto por las tripulaciones, cayó en desgracia con el almirantazgo y se vio involucrado en un fraude que le costó un tiempo en prisión, la expulsión de la armada y el retiro de los honores que se le habían concedido. A los 32 años fue elegido parlamentario y se dedicó a luchar contra el gasto fiscal, los impuestos, el sistema electoral y el trato que recibían los tripulantes de la marina real. 
 
En su peor momento financiero, un agente chileno lo involucra en el mando de la naciente Escuadra Nacional y llega a Valparaíso en noviembre de 1818, donde se le arma en corso y se le nombra Vicealmirante y Comandante en Jefe de la Escuadra, con sueldo de almirante inglés. Tras la gestión de la Expedición Libertadora del Perú en 1820, enviado de vuelta a Chile por San Martín, se retira a la vida civil y poco después acepta el mando de la flota brasileña que luchaba contra los portugueses. Tras otra brillante gestión, vuelve a Inglaterra y dos años después combate para los griegos, quienes luchaban contra los turcos por su independencia. A los 55 años se reincorpora a la Armada inglesa, donde llega al rango de Almirante del Reino Unido. 
 
Su carácter lo hizo protagonista de diversas anécdotas: además de discrepar con San Martín en materias tácticas, éste lo expulsa del Perú en 1822, después de que Cochrane se tomara la goleta Sacramento, de bandera peruana (“el yate de San Martín” como lo llamaba Cochrane), el cual guardaba en sus bodegas grandes valores, con el pretexto de que el General no había pagado a su tripulación. San Martín lo trata de “Lord filibustero”, el cual responde que él controla el poderío marítimo y San Martín lo conmina a abandonar las aguas peruanas con su escuadra pues le bastaba con un par de bergantines y él mismo se encargaría de organizar la Escuadra del Perú. 
 
Lo anterior confirmaría lo que alguien diría: “estaba dispuesto a todo si convenía a sus intereses y era tan útil e indispensable en la guerra como molesto en la paz”. 
 
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