Pachakamaq. Su nombre podría significar “Creador de Todas las Cosas” pues viene de "pacha" (tiempo, espacio, totalidad) y del verbo "kamay" (crear), con la terminación "q", que significa "el que hace". Pero “kama” también significa animar, dar vida y en quechua, alma. Por eso es que Garcilazo de la Vega, aunque no sea una referencia confiable, lo define como “aquel que hace al Universo lo que el alma hace al cuerpo”, liberándolo de la imposición católica de posible Creador. Si se hubiera querido decir que fue el creador de la humanidad, su nombre sería probablemente "Runakamaq". Algunos cronistas lo asimilan lisa y llanamente a Viracocha, pero aparece a veces como hijo de Viracocha y también dicen que el mundo lo formó y pobló Viracocha, pero lo puso a punto Pachakamaq. La última es una buena manera de conciliar a ambas deidades pues Viracocha terminó por irse a lugares desconocidos por vía marítima y sus fieles nunca lo conocieron muy bien. 
 
La localidad de Pachacamac queda cerca de la costa, a una treintena de kilómetros en línea recta desde Lima. Desde antes de la dominación incaica existía allí un templo con un oráculo de mucho prestigio. El mismo Tupaq Yupanki, padre de Wayna Qhapac y abuelo de Atahualpa, habría estado ayunando allí durante 40 días y construyó un nuevo templo vecino al antiguo, dedicado al sol. 
 
Con el prestigio del oráculo, el lugar adquirió mucha importancia y riqueza, por lo que Francisco Pizarro, mientras aún estaba en Cajamarca, envió a su hermano Hernando a saquearlo, pero los sacerdotes se le adelantaron y ocultaron la mayor parte del tesoro. 
 
El templo y construcciones accesorias como el monasterio, ocupaban una colina artificial. Venciendo la resistencia de los sacerdotes, los españoles, ayudados por un inesperado temblor de la tierra, lograron entrar al oscuro santuario, maloliente por los restos de los animales y posiblemente humanos sacrificados y se encontraron con el ídolo, de figura monstruosa pero con dos piernas, dos brazos y también dos caras humanas, una mirando para adelante y otra para atrás. Lo destruyeron y en su lugar plantaron una cruz. 
 
Según algunos cronistas, los sacerdotes, llamados “uno”, eran sodomitas, lo que podría concordar con la sospecha de que Pachakamaq estaba adquiriendo un aire de bisexualidad, por lo menos sugerido por sus dos caras. Cabe señalar que, si bien los incas parecían ejercer una cierta homofobia, la sodomía ritual o religiosa no era excepcional en las regiones costeras. En todo caso, estaba casado con Pachamama a quien le engendró el Sol y la Luna. 
 
Cómo se estableció un sincretismo con el dios Sol y luego con Viracocha es algo que ignoro, pero el hecho es que Pachakamaq pasó a ser una importante divinidad costera, inusualmente aceptada y venerada por los incas. El mismo Titu Atauchi ejecutó al español Cuéllar en el mismo garrote en que mataron a su hermano Atahualpa, porque lo “manda Pachakamaq” y el gran general Challcuchima, uno de los dos pilares del ejército de Atahualpa, murió poco después como hombre de honor en la hoguera, tras haber rechazado el bautismo, sin más debilidad que el nombre de Pachakamaq dibujado en sus labios. 
 
Un mito relata que antes existió un dios malhumorado, Con, que castigó a la humanidad, haciendo a la tierra estéril y transformándolos en bestias, lo cual fue luego revertido por Pachakamaq. Otra leyenda dice que el varón de la primera pareja de humanos se murió de hambre y que el sol se aprovechó de la viudez de la mujer y le engendró un hijo. Pachakamaq, celoso, mató al bastardo, pero aprovechó sus dientes para crear el maíz, los huesos para la yuca y quién sabe qué más. Pese a lo anterior y a estar vinculado con los terremotos, Pachakamaq era un dios atractivo y bueno, tanto, que enseñó a los humanos el gusto por las artes. Su vinculación con los movimientos telúricos parece lógica cuando se piensa de su área de influencia se extendía por la costa desde Tumbes hasta Arica, región particularmente rica en terremotos a lo largo de los siglos. 
 
Su poder y trascendencia no podía dejar de molestar a los Conquistadores. Cieza de León, cronista habitualmente serio e inclinado a describir las costumbres de los originales con más dedicación que otros contemporáneos, aún dejando mal a los españoles cuando le parece, no trata bien a Pachakamaq en su obra La Crónica del Perú, escrita en 1550. Escribe, en una prosa que modifiqué para facilitar la lectura, “..este malvado demonio Pachacama, al ver que ha perdido su crédito y autoridad y que ha perdido a muchos seguidores, le dice a los más viejos que el Dios que los cristianos predican y él son la misma cosa y con engaños procura estorbar para que no sean bautizados”. 
 
De no haber sido tan poderoso, no le hubieran dado categoría de un ente real y no lo hubieran atacado tanto. Es “mi” candidato a Dios supremo a la llegada de los españoles. De hecho los dos lugares sagrados de mayor importancia para los incas eran la Isla del Sol en el lago Titikaka y Pachacamac. 
 
Hay un par de historias suyas vinculadas con Arica. Una de ellas cuenta que había dos hermosas mellizas que desvelaban a Sajama, Tacora, Guallatiri y a otros poderosos jerarcas. Sajama raptó a una de ellas y Tacora lo enfrentó, pero Sajama le acuchilló el vientre dejándole una llaga purulenta (la veta de azufre del volcán). Sigue una larga lucha entre ambos, involucrando al Illimani, hermano de Sajama, hasta que Pachakamaq los convierte a todos en volcanes. Las mellizas son los Payachatas (foto). Guallatiri sigue enamorado de ellas y si uno las mira mucho se enoja y lanza fumarolas por su cráter (foto). Eso me consta y también que Sajama sigue siendo soberbio (foto) y que el vientre del Tacora sigue supurando... 
 
Cerrar