La siembra de truchas y pejerreyes en el lago Titikaka, especies carnívoras, ha afectado a las especies nativas, qarachi, (variedades grandes y chicas) mawri e ispi, entre otros, particularmente el qarachi negro o grande (Orestias agasii). Esto me sirve para expresar mi molestia por la enfermante adopción de costumbres caucásicas. 
 
En el mismo Copacabana, por ejemplo, es muy difícil que consiga almorzar algo más que una insípida y mal preparada comida occidental. Conseguirse un thimpu de qarachi, por ejemplo, sopa en base a ese pez cocinado con papas, ch’uñu negro, cebollas, ají y una variedad de ingredientes propios de cada lugar, es una gestión casi imposible para el visitante y en nada colaboran las agencias de turismo. 
 
¿Qué gracia tiene comer un rudimentario estofado mientras se espera la barca a la Isla del Sol, precisamente en la hermosa y mítica Copacabana (quta kawani)?. Habiendo tanto gringo ansioso de explorar cosas nuevas, los acomplejados latinos los imitamos con insípidas comidas aún a costa de nuestra conveniencia. Eso tiene un nombre: falta de identidad. O sea, no sólo en Arica impera la incapacidad por rescatar lo autóctono y reina la mediocridad emuladora de lo insípidamente centralista o “convencional”. 
 
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