Cabuzas. La fuerte influencia altiplánica que caracteriza al Período Intermedio Medio en Arica representa la segunda instancia de cambio cultural trascendente inducido por las etnias foráneas. Los cabuzas aparecen en nuestros valles altos y medios más o menos el año 500, como una expresión local de la cultura Tiwanaku ya instalándose en Moquegua, con sus peculiares gorros de cuatro puntas (fotos), sus “keros” (qiru, vasos ceremoniales para la chicha) (foto), camisas de mejor factura (foto), fajas-bolsa, arcos y flechas e incorporando instrumentos de madera como azadones, armas como la macana (una piedra hecha firme en el extremo de un palo, al estilo de una maza o garrote) (foto) y la coca y que vivían de las llamas y alpacas y del cultivo del maíz, calabazas, porotos, quinua, camote y otros productos agrícolas que se comercializaban en las vecindades del Titikaka, transportados mediante caravanas de llamas. 
 
Parecen haber manifestado cierta nostalgia biológica a su hábitat natural altiplánico, manifestada a través de una elevada mortalidad infantil y perinatal. Entre sus creencias se destaca la idolatría al cóndor, los felinos, los camélidos y el falo. A la inversa de lo que caracterizó las relaciones del Tiwanaku con San Pedro de Atacama, la utilización de alucinógenos es poco frecuente y parece reservarse a las prácticas shamánicas. Con ellos se inicia la cerámica decorada en Arica (líneas negras sobre un fondo rojo) (fotos) y los enterramientos en cuclillas, costumbre que perduraría hasta la llegada de los españoles. También aparecen los “orejones” en Arica, individuos de clase de elite que perforaban los lóbulos de sus orejas, práctica que sería muy común en el incanato, casi 1.000 años después. 
 
No hace mucho se proponía que los Cabuza eran colonias altiplánicas, constituidas por individuos de origen altiplánico y establecidas en Arica antes del año 500 y de la influencia Tiwanaku en nuestras tierras bajas. Sin embargo, hoy se tiende a pensar que no hubo en Arica grandes movimientos poblacionales y dataciones más sofisticadas de la cerámica hacen coincidir la aparición de ambos estilos en el año 500. Sin duda que los habitantes de los enclaves cabuza fueron mandados y culturizados por agentes altiplánicos, pero Espoueys se pregunta si acaso la masa poblacional pudo haber sido la misma de la etnia de Alto Ramírez, obviamente transformada en lo cultural por los altiplánicos. 
 
En otras publicaciones encontrará fechas diferentes a las que presentamos. Esto se debe a que los fechados por C14 no representan fielmente los años-calendario y necesitan cierto ajuste, imposible de realizar para las primeras dataciones a falta de información no disponible en esa época. Para Espoueys, quien ha revisado prolijamente el tema, la más antigua fecha para los Cabuza corresponde a una época en la cual el Tiwanaku ya había establecido su centro de Moquegua. 
 
Que los Cabuza eran una especie de casta inferior —“provinciana”— en el ámbito Tiwanaku de la región, lo sugiere su cerámica y textilería menos colorida, la distancia social que el Tiwanaku de Moquegua mantuvo con ellos y la ausencia de cabuzas en ese lugar. 
 
 
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