Don Pedro Cieza de León fue un cronista de verdad. Siendo un soldado de vasta experiencia en lides guerreras y políticas de las Indias, 12 años después de que salió de España siendo aún adolescente, formó parte de la comitiva de Pedro de La Gasca, sacerdote enviado por la Corona como plenipotenciario para resolver el problema del alzamiento de Gonzalo Pizarro. Cieza de León, por lo cuidadoso que era en la mantención de su diario de vida, fue nombrado cronista oficial de Indias en cuanto se ajustició a Gonzalo Pizarro. Después de mucho recorrer por el Cuzco, Arica, Potosí y La Plata, volvió a España y publicó en 1553 la “Primera parte de la crónica del Perú”. Su gran mérito fue que, más que limitarse al rol de cronista, fue el primero en intentar describir, en todos sus aspectos humanos y concernientes a la naturaleza, la verdad de este nuevo horizonte, aún revelando aspectos negativos de la gestión española cuando le pareció pertinente. Le impresionó el orden existente en el Imperio.
Es el más consistente de los cronistas. Llegó a nuestra tierra sólo 15 años después de la conquista y se interesó más en las víctimas de ésta que en los gestores, además de que no tuvo miedo de exponer los excesos de los españoles. Parafraseando parte de sus escritos, se aprende que por donde sea que pasaran los españoles era como si hubiera habido un incendio que todo destruía. Allí coincide con la definición de “ese gran incendio” que utiliza Neruda para definir a la Conquista.