Aymaras. Por el desequilibrio creado por el colapso del imperio Wari en el norte del Perú actual (año 1000 d.C., más o menos), ocho decenios de sequía, desgaste administrativo u otras alternativas, tras una violenta rebelión de los no privilegiados colapsa definitivamente el Tiwanaku de los pukinas más o menos en 1172 y los aymaras, sin formar una estructura social hegemónica como la del Tiwanaku (y mucho menos una gran nación única como hoy afirman algunos agitadores sociales de Bolivia), expanden su influencia en el altiplano a través de varios Reinos Lacustres que no eran étnicamente homogéneos. Y empieza el enredo en el altiplano y a lo largo del norte de Chile y del noroeste argentino también se establece la modalidad de Señoríos Regionales (Período Intermedio Tardío), que culmina con la Cultura Arica y el apogeo de los aymaras circuntitikaka. 
 
En la mitología aymara el período que sigue a este “primer pachakuti” se denomina awqa pacha (período de conflictos, guerras). Sobraban niveles conceptuales para ello... 
 
En primer lugar, los vencidos (pukinas tiwanacotas) y en especial los pobres urus ya no son considerados personas, sino material para uso y desprecio. En segundo lugar, el territorio circuntitikaka se divide conceptualmente en un sector alto (el lado peruano del lago y extendiéndose aún más al norte), seco, masculino, guerrero y orgulloso, digno de los aymaras (urqu suyu) y un territorio bajo, húmedo, femenino, subyugado, agrícola, más apropiado para los pukinas (uma suyu). Ambos constituyen opuestos y el lago, habitado por los urus que vivían en sus islas de totora (Typha angustifolia) y que no eran personas, era el centro integrador (taypi)  que enlaza y a la vez delimita a los opuestos. Tal vez sería conveniente revisar el resumen referente a la cosmovisión andina
 
A eso se agrega otro factor de confusión. Durante el awqa pacha se establecen decenas de Reinos Lacustres dominados por los aymaras pero con una minoría de componentes pukina y uru y ocupando casi sin excepción tanto territorios de pastoreo (urqu suyu) como agrícolas (uma suyu). Estos reinos son principalmente: 
 
  • Al sur del Cuzco (qusqu) y sin contacto territorial con el Titikaka, los kanas y chanchis. 
  • En las riberas del Titikaka, el Reino Colla (qulla) al norte (con un elevado componente pukina), sus eternos enemigos lupacas (capital Chucuito, “chuki wit’u) ocupando sólo tierras urqu al sur de las de los collas y los pacajes (capital Caquiaviri), extendiéndose desde el extremo sur del lago. 
  • Al sur del Titikaka y sin acceso a sus riberas: 
  • Al oeste del lago Poopó, los carangas (karanqa) y los killakas más al sur, los últimos emparentados con los pacajes. 
  • Al este del lago Poopó y de norte a sur, los charka, soras (”sura”), qhara-qharara y chicha, para sólo mencionar a los de mayor extensión (mapa). 
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    Las constantes luchas entre ellos dieron origen a los pukaras, poblados con estructuras defensivas que cerca de Arica existen en Copaquilla, Zapahuira (Huaycuta y Chapicollo), Belén (Huaihuarani y Ancopachani), Saxamar, Ticnamar (Tangani), Codpa (Vila Vila y Molle Grande), en el Valle Camarones (Humallani), etc. Es también la época en que aparecen las chullpas con cualidades arquitectónicas propias de cada reino y que en Arica podemos conocer con poco esfuerzo en Zapahuira, Copaquilla,  Caillama (cerca de Chapiquiña), Incahullo (cerca de Belén) y Charcollo, en la quebrada de Oxa que llega a Ticnamar. 
     
    El altiplano necesita de los valles para su subsistencia. Los valles del lado oriental de la cordillera (manqha yungas) eran considerados más bajos en términos de prestigio que el territorio femenino del lado boliviano del lago (uma suyu) mientras que nuestros valles occidentales (alaxa yungas), por bajos que fueran tenían categoría de territorio macho (urqu) digno de los aymaras del lado peruano del lago. En general, la explotación de las yungas dependía del suyu afín, es decir, la gente del uma suyu trabajaba en las plantaciones de las manqha yungas y viceversa. 
     
    Mientras allá arriba se enredaban con esos conceptos, los aymaras protagonizaban, vía caravanas de llamas, el riquísimo intercambio comercial y cultural con nuestros señores regionales de la Cultura Arica, quienes, aunque de genes costeros (“ariqueños”) y altiplánicos (supongo que con un fuerte componente pukina), habían emergido como líderes de entidades sociales autónomas tras el colapso del Tiwanaku. Y así nuestros predecesores se fueron “aymarizando”. 
     
    Podemos resumir estableciendo que la aymara era una etnia de origen incierto que actuaba como los caravaneros del Tiwanaku (Espoueys) y que luego hizo lo posible por subyugar y explotar a los pukinas del desaparecido imperio tiwanakota y abusar de los primitivos urus establecidos en las islas de totora del lago y en las riberas del río Desaguadero y que no intentó establecer una estructura sociopolítica hegemónica en el territorio circuntitikaka. Falta insistir en que eran excelentes guerreros. 
     
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