Corregimientos. El sistema de las
encomiendas llevó a abusos que sólo podían ventilarse en Lima. Para proteger a los encomendados, aunque a la larga el remedio fue peor que el mal, se ideó la división del territorio en unidades controladas por un Corregidor, sistema instaurado más de dos siglos antes en España. Esto tuvo lugar poco después de que en 1564 asumiera el mando el catedrático universitario Lope García de Castro.
El propósito era descentralizar la gestión gubernamental, judicial, recaudadora de impuestos y controlar a los encomenderos. Cuando declinó el sistema de las encomiendas, la gestión financiera más provechosa de los corregimientos se ejecutaba con el apoyo de los kurakas (caciques locales). Esta era la recaudación de los aportes de los indígenas, para repartirlo en tres estamentos: la Justicia (corregidores y empleados), las Doctrinas (curas) y el Cacicazgo. Muy ocasionalmente se separaba una fracción para el hospital local. Demasiado poder para la ética de los europeos de entonces. Poco a poco, la complicidad de estos caciques con los corregidores mermó su influencia sobre los indígenas y el sistema fue eliminado por Simón Bolívar en 1825.