Codpa es uno de los tantos espacios de la Región Arica donde no se vive como los chilenos convencionales creen que se debe vivir, sino como sus habitantes lo harían cualquiera fuera su nacionalidad. Eso caracteriza a lo que llamaremos “Arica Profunda”, lugares donde la “profundidad” histórico-cultural es tal, que mantiene un estilo de vida propio de una provincia de lo que hemos identificado como el “país” circuntitikaka (
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Codpa es de origen prehispánico, tiene una elevación de 2.050msnm, está en el valle del río Vítor, produce el dulce y engañador vino pintatani y tiene una hostería construida por la inolvidable Junta de Adelanto de Arica en 1973. Esta dispone de una veintena de frescas cabañas provistas de agua caliente y una terraza que las integra a todas al patio central, donde están las 2 piscinas y más allá el amplio comedor, la sala de estar con TV y una gran terraza con mesa de ping-pong. Este gran patio es compartido por todos los pasajeros y está tan bien diseñado que todo el mundo se integra allí en la forma más absolutamente informal (
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Cuando el Gobierno Militar devolvió las dependencias que ocupó por varios años, la Hostería se entregó a la comunidad para que la administrara, algo que resultó poco eficiente. Era la época en que en sus piscinas flotaban restos de cabezas de corderos roídas por humanos y un inmenso basural plagado de moscas establecía el límite entre la Hostería y el río. El fracaso comunitario atrajo una que otra aventura empresarial poco exitosa y los ariqueños nos fuimos alejando de este paraíso que tantos lazos mantiene con nosotros. El río se seca, la hostería se desprestigia, cosas pasan y finalmente su gestión se privatiza en forma eficiente y reaparece el curso de agua. Que
Pachakamaq no deje de recordarnos la lección aprendida...
La iglesia de San Martín de Tours de Codpa, con 7m menos que la original desde la remodelación de fines del siglo XIX, data de 1668, no es particularmente bonita y está dedicada al ya mencionado prodigio, a quien se le presenta siempre montado y con la capa que lo hizo conocido entre los ángeles. Tiene un pequeño y hermoso púlpito de madera policroma (
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He presenciado la Fiesta de la Vendimia, la de San Pedro de Guañacagua, la de San Martín de Tours y otras aquí y en otros poblados de la sierra, pero no tengo espacio más que para relatar sucintamente el Viernes Santo en Codpa.
Al atardecer ya se ve a la gente afanada haciendo pequeños altares de ramas foliadas, entrelazadas como bóveda por encima de una mesita, con un santito al medio (
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La ceremonia se inicia tarde en la noche, con una misa a cargo de un curita extranjero. Largo es el sermón sacerdotal, mientras los iconos apenas soportan la larga espera, ya montados en el aparataje que los transportará. De pronto, cerca de la medianoche, se cierran las puertas del templo, se oscurecen las luces nutridas por el ronroneante generador y unos muchachotes comienzan a apedrear el techo de zinc de la iglesia, haciendo un ruido que debe haber sido atronador para los que llevaban más de una hora adentro. Los muchachos se deleitaban con ese vandalismo autorizado. El efecto que produce al interior de la iglesia impresiona: es lo que representa a los rayos, truenos y relámpagos que Dios habría lanzado cuando crucificaron a su hijo.
Luego salen de la casa del cura una docena de encapuchados enteramente vestidos de blanco, se forman a la puerta de la iglesia y tocan una campanilla que hace que las puertas se abran. En una larga y barroca ceremonia, desclavan a Cristo (sus brazos son abatibles, con una articulación en el hombro), lo muestran, lo tienden, lo visten, lo muestran, destapan una urna de vidrio, lo muestran, lo ponen en la urna, la cierran, etc. Provistos de una especie de larga bufanda blanca que cuelga desde la nuca, los encapuchados no tocan nada con sus manos: han de cubrirlas antes con el trapo blanco, lo que asegura la lentitud de la ceremonia. Luego seguimos esperando pues hay que acarrear en hombros una cruz, un santo, la urna de Cristo y una Virgen con el corazón atravesado de lado a lado y por ambos lados por varias espadas. Del icono de la Virgen se encargan mujeres y de la urna los encapuchados (
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A pocos metros de la casa del cura, en una de las esquinas de la plaza colindante con la Sra. Iglesia, está la Primera Estación, donde la abuelita Irene (
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Visitando el valle, aguas abajo
A lomo de “macho” podríamos conocer antiguos restos de poblados indígenas prehispánicos, pero Codpa también tiene mucho que mostrar aunque sea viajando con las comodidades de un auto moderno, si bien de cuando en cuando nos vigila un personaje peculiar, Ño Carnavalón, a quien nos referiremos más adelante (
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Por ahora quedémonos en
Ofragía, allí donde una casa bloquea el camino que llevaría (a pie o a lomo de “macho”) a las cercanas ruinas del poblado incaico de Cachicoca. Poco antes y sin bajarse del vehículo, hacia el norte verán un depósito de agua que sirve a una moderna instalación experimental de riego por goteo (
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foto1 foto2 foto3 foto4 foto5 foto6 foto7 foto8 foto9 foto10) y en ambas cumbres, sendas rocas con múltiples desgastes ovales (que si fueran redondos las designaría como piedras “
tacitas”) sugieren, con otros elementos rupestres que no detallaré, una misteriosa utilidad ceremonial (más acerca de petroglifos de sitios ceremoniales en
http://www.infoarica.cl/rockart/petro8.htm). En la cima de un cerro de la ladera norte, abundan las piedras “tacitas” con orificios redondos, como suelen ser. Uno de los paneles de la ladera sur asocia pictografías a los petroglifos, lo que es poco frecuente (
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Creo que los petroglifos de la ladera norte (Cerro Blanco) tienen una historia y signifcado diferente a los de Ofragía, pues la iconografía y la asociación con piedras tacitas los diferencian. Según Alvaro Romero, los petroglifos de Ofragía tienen una antigüedad de 500 a 1.000 años y fueron realizados po los habitantes del lugar, dedicados a la agricultura y pastoreo.
No detallaré lo poco que sé respecto a estos petroglifos y los de Cerro Blanco, debo protestar porque tampoco tengo de dónde sacar más información, pero sí que conozco cada roca que allí existe porque me he tropezado con todas y he lamentado cada uno de los irreverentes números pintados en los paneles por alguien que estudió el antiguo legado y de paso insultó a los artistas "inmortalizando" su poco graciosa clave numérica con material sintético al mismísimo costado de las imágenes (
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Pachakamaq se decidiera por entregar a los delincuentes a sus sacerdotes “unos”, supuestamente sodomitas, para que los castigaran como lo merecen. Más acerca de petroglifos estúpidamente dañados en
http://www.infoarica.cl/rockart/petro1.htm.
Aprovecho de insertar uno de mis tantos lamentos. Los delitos descritos, que abarcan un rango que comprende visitantes, investigadores y tal vez técnicos o investigadores financiados por el Estado, son la consecuencia de la inapropiada educación que se nos imparte, priorizando lo foráneo y nuestras guerras e intrigas políticas por encima de nuestra propia identidad regional. Personas o instituciones bien intencionadas empeoran la situación al tratar de ocultar con técnicas inapropiadas el daño de los contemporáneos aparentemente sin consulta previa al Consejo de Monumentos Nacionales. Así, nuestro legado rupestre es atacado desde todos los ámbitos y nadie parece tener el poder, la capacidad o la intención de evitarlo.
El pueblo de Codpa no puede describirse en un corto capítulo y además está a la vista de los visitantes, pero por favor no sigan dañándolo. Algunos ariqueños dicen que no suben a Codpa pues se aburren “porque no hay nada que hacer”. Acompáñenme un rato, si quieren ver porqué nunca tengo suficiente tiempo para aburrirme en Codpa.
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