Las Maytas. Dauelsberg planteó que Las Maytas representaría una etapa de la evolución de los cabuza y que de allí derivaría San Miguel y Gentilar. En otras palabras, los protagonistas de la Cultura Arica serían altiplánicos adaptados a la vida en las yungas (tierras bajas) y que desde Las Maytas evolucionan hacia la autonomía. Sin embargo, Uribe establece categóricamente que Las Maytas no deriva de Cabuza. Aconsejado por Oscar Espoueys, presento el planteamiento de que Las Maytas representa a la etnia de origen local, propiamente ariqueña/sur-peruana. Esto sirve para demostrar cuán críptica es aún la Cultura Arica. Cuán autónoma o dependiente del Tiwanaku fue la gente de Las Maytas en lo administrativo y en lo que respecta a su desarrollo cultural, es algo que se discute. 
 
En el pasado se presumía que los cabuza serían una colonia altiplánica, constituida por individuos de origen altiplánico. Uribe y Agüero rechazan enfáticamente esa posibilidad. Hoy se tiende a pensar que no hubo en Arica grandes movimientos poblacionales. Sin duda que los habitantes de los enclaves Cabuza fueron mandados y culturizados por agentes altiplánicos, pero la masa poblacional pudo haber sido la misma de la etnia de Alto Ramírez, obviamente transformada en lo cultural por los altiplánicos. Los Cabuza son la expresión local, de menor alcurnia, del Tiwanaku establecido en Moquegua. 
 
Los ¿ariqueños/sur-peruanos de origen costero? de la Fase Las Maytas (800 d.C.) hicieron lo posible por diferenciarse de los cabuzas de inspiración altiplánica establecidos en Azapa unos dos siglos antes, aunque estaban muy estrechamente relacionados pues compartían los cementerios. El pukara de San Lorenzo de Azapa, ocupado ya en el Intermedio Temprano por la gente de Alto Ramírez y luego por los altiplánicos del Período Medio, pudo llegar a ser no una estructura defensiva sino un recinto amurallado que sirvió como centro administrativo de la gente de Las Maytas y luego San Miguel (I. Muñoz), posiblemente empeñada en “enfatizar su posición de no dependientes” para usar las palabras de Espoueys et al. (foto). 
 
Al respecto, es interesante mencionar lo que ocurrió en el sitio AZ-3, cerca del kilómetro 20 de valle de Azapa, hoy en vías de convertirse en una plantación de maracuyá (foto). Allí hay un cementerio Cabuza y Las Maytas, con piedras con petroglifos y “tacitas”, excavado por Espoueys a principios de la década de 1960. Encontró que algunas sofisticadas tumbas cabuza fueron profanadas por la gente de Las Maytas, su contenido oculto bajo piedras en un lugar cercano y luego ocupadas con restos mortuorios de Las Maytas. 
 
Lo anterior, que se repite en otros sitios, concuerda con dos hechos evidentes, aclarados por Espoueys et al: 
 
  • Por una parte, la cerámica Cabuza-Tiwanaku no llega a la costa, no se sabe si porque no puede o porque no le interesa, mientras que la de Las Maytas empieza a aparecer allí, a la vez que en sus ofrendas funerarias aparecen modelos de balsas de totora. Cuando aparecieron los Cabuza el valle de Azapa era dominado por Alto Ramírez. Para este Período Medio de dominio altiplánico, Focacci encuentra evidencias que sugieren el establecimiento de fuertes relaciones de Alto Ramírez con la etnia costera del Laucho. Se configura así la posibilidad de que el “ariqueñismo” (o más precisamente identidad autóctona ariqueña y sur-peruana) perdura y busca consolidarse pese al dominio foráneo. 
  • En seguida, Las Maytas tiende a alejarse de lo altiplánico en lo que se refiere a su textilería y elementos tales como keros, cucharas y calabazas como implementos domésticos, iniciando su evolución en base a la tradición Alto Ramírez (aunque con un estilo cerámico muy diferente al que hasta entonces se conocía en Arica). Aquí Espoueys et al se preguntan si acaso todo esto revela “un manejo político en el que la población Maytas se presentaría como descendiente de... Alto Ramírez, buscando justificación para obligar a un decaído Tiwanaku a reconocerlos... para poder negociar el... acceso a los excedentes del valle” que necesitaban los altiplánicos por su economía no autosuficiente. De ser así, se ignora si Las Maytas tiene alguna relación genética directa con Alto Ramírez. Tampoco se ha podido establecer un nexo cultural directo con los costeros de El Laucho. 
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    Aunque el origen de Las Maytas llevaría a una discusión que escapa al propósito de esta publicación, podemos esbozar una escena de dominio altiplánico sobre una población local valluna (Alto Ramírez) que incita a los no “convertidos” a estrechar relaciones entre el valle y la costa. Luego surge una etnia local muy vinculada en lo económico a los asentamientos altiplánicos (Las Maytas, probablemente los que los proveían de recursos marítimos) pero que trata de separarse de ellos recogiendo tradiciones autóctonas, llega a profanar sus cementerios, introduce elementos diferenciadores como la deformación facial y algunos tatuajes de la piel y se vincula con las poblaciones costeras que estaban fuera del territorio de los “foráneos”. A su vez, Las Maytas tiene una indiscutible relación con el sur del Perú a juzgar por su cerámica, indiscutiblemente no derivada de la de Alto Ramírez. De hecho, como señala Espoueys, la cerámica Las Maytas aparece de pronto como tal primero en la costa, sin mostrar una etapa de experimentación y no se extiende más al sur de Camarones, lo que sugiere que se trata de una etnia costera bien definida que encontró en las tierras bajas de Arica un lugar atractivo para instalarse y comercializar lo que el mar produce. Desde el año 800 d.C. comparte sus cementerios con Cabuza y más tarde, a partir del 1000 d.C., con San Miguel, por lo menos en un asentamiento. 
     
    Siguiendo la interpretación de Espoueys, quien ha trabajado intensamente en el valle de Azapa por varias décadas, podría decirse que Las Maytas representa el tronco de Período Medio desde el cual se originan dos ramas insertas en el ámbito de los Señoríos Regionales del siguiente Período (Intermedio Tardío): San Miguel en Arica y Chiribaya en la costa del sur del Perú. En todo caso, aunque coexisten y comparten enclaves por un largo período, la profunda disquisición ceramológica de Mauricio Uribe y otros argumentos, desarman la no tan antigua hipótesis de que Las Maytas era la continuación (y consecuencia) de la Fase Cabuza. 
     
    Pero persisten muchos interrogantes, principalmente por aspectos biológicos de los individuos de estas etapas culturales, como la elevada mortalidad infantil y perinatal de los cabuza. Otro ejemplo es el de la gente de Las Maytas, posiblemente portadores de una peculiar tendencia a desarrollar cálculos vesicales, ausentes en sus vecinos y contemporáneos de otras etnias. Al respecto, es interesante consignar que en una de sus tumbas se encontró, entre las ofrendas funerarias, hojas de “cola de caballo” (Equisetum sp.), una arcaica planta vascular que abunda en nuestros valles, conocida por sus propiedades diuréticas. 
     
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