Pedro Sarmiento de Gamboa podría ser motivo de todo un libro dedicado a su persona. Tenía avanzados conocimientos de matemáticas, astronomía-astrología, cartografía y Latín. Ubicó cartográficamente a Australia y levantó un excelente plano del Estrecho de Magallanes, descubrió las Islas Salomón y escribió en 1572 lo que terminaría llamándose “
Historia del Reino de los Incas”, tras habérsele encomendado una descripción geográfica del Mundo Andino. Esta obra es casi una copia, muy mejorada por cierto, del manuscrito de Juan de
Betanzos.
Sarmiento, en concordancia con la posición del Virrey Toledo, quien a su vez obedecía a la estrategia de Felipe II, debía representar a los incas como a tiranos ocupantes de una tierra que era de otros y que, al someterlos, los españoles le devolvían a esa tierra el orden que el dios (cristiano por supuesto) habría programado, a la vez que un concilio de representantes de los panakas (linaje incaico de poderío familiar) debía concederle credibilidad a su relato. Aquí se ve forzado a sugerir que una gran parte del territorio cuzqueño de entonces estaba bajo el dominio de un jerarca único, lo que hace jugando con el significado del concepto kapak y homologándolo a sinchi (kuraka). Bajo estos dos acápites, es sospechoso de haber falsificado conscientemente los hechos con el fin de conseguir la aprobación de sus escritos y contribuir al proselitismo de la Corona. Eso debiera disminuir mi admiración a su persona pero, después de haber sido juzgado por la Inquisición, supongo que tuvo que tragarse algunos principios para seguir vivo.
Las desaventuras de Sarmiento como colonizador del Estrecho de Magallanes se relatan en otra
nota.