Territorialidad Aymara. Una de las características interesantes del "Ideal" andino circuntitikaka es su ancestral concepto de territorialidad. Para satisfacer sus afanes de autosuficiencia llegaron a ocupar distintos pisos ecológicos estableciendo un dominio territorial discontinuo, como un país formado por distintas islas pero que aquí no estaban separadas por un océano sino por territorios desocupados o pertenecientes a otras jerarquías. Es lo que Murra describe como “control vertical de múltiples pisos ecológicos” y que se inició con el
Reino Pukara. La única frontera claramente demarcada del vasto y benévolo Imperio
Tiwanaku fue la que establecieron sus contemporáneos Wari —de conceptos sociales diametralmente opuestos— cuando los últimos se apoderaron de parte de Moquegua hace unos 1400 años y fortalecieron su posición con la asombrosa ciudad construida en la meseta del Cerro Baúl (
foto). En el resto del territorio, el núcleo socio político religioso, necesitando los productos de los valles bajos y del mar, estableció en esos lugares colonias trabajadas por su propia gente en vez de subyugar a los locales como lo habrían hecho los waris o la "civilización" occidental.
De esta manera, lo clásico es pensar que la territorialidad altiplánica, aún después de que el Imperio colapsara en una miríada de Reinos Lacustres independientes, implicaba un núcleo central puneño tremendamente dependiente de enclaves territoriales (tal vez salpicados) en los valles bajos, sin conexión territorial con el núcleo, a la manera de un archipiélago, estando el todo conectado por las caravanas de llamas. La costa seguiría controlada por los “ariqueños”, pero con fuertes lazos comerciales con los colonos altiplánicos. Todo esto suena bien, pero es muy discutible (
nota).