Perú, Bolivia y Chile aceptaron oficializar un “alfabeto único” con fonemas para expresar el alfabeto Aymara. Se establecieron 26 consonantes y tres vocales. Las primeras son de gestión (“articulación”) labial (p, ph, p’ m,  w), dental (t, th, t’, s, l, n, r), palatar (ch, chh, ch’, ll, ñ, y), velar o palatar posterior (k, kh, k’, j) o postvelar (q, qh, q’, x). Las vocales son a, i u. No existen las consonantes b, c, d, f, g, h, v, z. 
 
Un fonema es el símbolo gráfico de un sonido. Así, por ejemplo, el fonema /k/ expresa en castellano el sonido de las letras “k” y “q”. En aymara “k” es velar y “q” es postvelar y tienen consecuentemente un sonido algo diferente. P’, t’ ch’ k’ y q’ implican una glotalización de la consonante, mientras los fonemas con “h” (ph, th, chh, kh, y qh) expresan una verbalización aspirativa de la consonante, como en inglés, con la excepción de “ch”. 
 
“Ch” es una consonante africada. Fricar implica arrastrar el sonido entre los labios o los dientes y africar implica una oclusión seguida de un fricamiento. De manera que la consonante es parecida pero diferente en chacha, kanka y qaqa, como puede comprobarlo escuchando los archivos disponibles en  www.aymara.org, a la vez que nuestra “chala” se escribiría “chhala” pues es “chh” es una consonante africada aspirada. 
 
La diéresis indica prolongación de la consonante, como en la exclamación ¡jallälla! (¡viva!). No hay acentos ni diptongos, por lo que “huaca” debe escribirse como wak'a. 
 
La “e” y la “o” plantearon problemas pues algunos quechua-parlantes se opusieron a que se los eliminara. Más que vocales independientes, tanto en la lengua aymara como en la quechua han de considerarse alófonos, término que expresa la posibilidad de vocalizar un fonema en forma diferente según su posición en relación a otros fonemas. Por ejemplo, en español, la leve diferencia de la “b” en “tubo” y “tumbo” representa un alófono. En aymara el sonido de nuestra “e” y “o” proviene de la “i” y la “u” cuando están en la vecindad de una consonante postvelar (q, qh, q’,  x), por lo que el bulto que se lleva en la espalda como mochila (q’ipi) se pronuncia más o menos como “quepe” y quta (lago) es “cota”. 
 
La castellanización de los nombres de los lugares suele dificultar la comprensión de la toponimia. Por ejemplo, “Ancolacane” significa “lugar de tierras blancas”, de “janq’u” (blanco), “laq’a” (tierra) y el sufijo “ni” (lugar de): en rigor, debiera escribirse como “Janq’ulaq’ani”. Ver lista de toponimias
 
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