Apachetas. En aymara, apachita significa cumbre, cordillera, lugar más frío. Las unidades territoriales tenían un espíritu protector, al cual convenía venerar para solicitar permiso y/o protección al cruzar su territorio y agradecerle por haber llegado hasta allí. No hacerlo podía significar la pérdida de las fuerzas y aún la vida. Cuando están ubicadas en un lugar elevado y los viajeros, antes de subir, recogían en el bajo una piedra, se esforzaban por llevarla hasta la apacheta y la arrojaban en el lugar y de a poco se iba formando un montículo cuyo tamaño representaba más o menos la densidad del tráfico de caravanas por el lugar. Otros tributos podían ser prendas de ropa, un escupitajo, el bolo de coca que se venía mascando, uñas o pelos de cejas o pestañas, muestras de la mercadería que se transportaba, adornos como lanas o velas, dinero o alguna pertenencia personal como fibras extraídas de la ropa que se estaba usando u ojotas usadas. En Arica la costumbre actual es arrojar tres piedras chicas a la apacheta.
En la apacheta de la Cruz, camino a pueblo ceremonial de Timalchaca, hoy se estrellan contra el montículo botellas de licores “finos” y alrededor de la de Vila-Vila en los altos de Codpa, en la ruta de Codpa a Umirpa, los caravaneros levantaban montículos de piedras que al parecer representaban una rogativa que explicitaba los bienes que pensaban conseguir con el trueque de su carga de mercadería (
foto). En las de Pampa del Muerto, en la ruta de Zapahuira a Livilcar, se construían esbozos de casas con piedras planas (
foto), probablemente representando al hogar del viajero y una rogativa por la protección de ésta durante el viaje. En algunas partes de Perú se colocaban tres piedras en equilibrio, una sobre la otra, representando a la esposa que se dejó: si al pasar por el lugar de vuelta a casa éstas se han derrumbado, la mujer recibirá una buena paliza por infiel.
Siendo las apachetas una costumbre muy expandida en el mundo andino, hay grandes variaciones en su constitución (generalmente son de piedras, pero pueden ser de ramas en el norte del Perú y las de piedra pueden culminar con una cruz que mira al oriente), en la ofrenda, en la rogativa y en la ceremonia.
En general, la ofrenda es individual (deben hacerla todos los componentes del grupo de viajeros). Se agradece el camino recorrido y se pide protección contra lo maligno (incluyendo a la Pachamama, quien puede “agarrar” (cansar) o “golpear” (provocar una caída) al viajero, con riesgo de muerte), la restauración de las fuerzas y/o salud gastadas y el permiso para pasar a un territorio del dominio de un espíritu de un lugar diferente.
Las apachetas se ubican en lugares conspicuos del camino: una bifurcación importante en los terrenos planos, en lo alto de un cerro conspicuo o, preferentemente, en una abra, definida como un paso entre dos montes que da una amplia visión de un nuevo territorio o diferente espacio geológico.
Espoueys me informó que la más cercana a Arica, de data incaica, estaba hasta no hace mucho al llegar a Alto Ramírez desde el interior, en el lugar donde se ve el mar por primera vez. Cuando se la excavó, se encontró en su base un templete incaico.